Filosofía

Byung-Chul Han, filósofo: ‘El sujeto de rendimiento se explota a sí mismo hasta colapsar’

En 'La sociedad del cansancio', Byung-Chul Han diagnosticó una época que ya no nos oprime desde fuera, sino que nos convence de explotarnos a nosotros mismos, convencidos de que es libertad.

Byung-Chul Han, filósofo: 'El sujeto de rendimiento se explota a sí mismo hasta colapsar'

Nataliya Vaitkevich / Pexels

Hay diagnósticos filosóficos que envejecen mal y otros que, con cada año que pasa, parecen más certeros. El del filósofo surcoreano Byung-Chul Han sobre la sociedad del rendimiento pertenece claramente al segundo grupo. En su ensayo ‘La sociedad del cansancio’ (2010), Han escribió una frase que resume buena parte de su obra: ‘El sujeto de rendimiento se explota a sí mismo hasta colapsar’.

«El sujeto de rendimiento se explota a sí mismo hasta colapsar. Genera una autoagresividad que a menudo desemboca en el suicidio».

Adrien Olichon / Pexels

De la sociedad disciplinaria a la sociedad del ‘sí se puede’

La tesis central de Han es incómoda precisamente porque no señala a un enemigo externo. Ya no vivimos, según su análisis, en una sociedad disciplinaria que nos prohíbe cosas desde fuera — la fábrica, el cuartel, la vigilancia que describía Foucault — sino en una sociedad del rendimiento que nos exige positividad constante: puedes, debes, todo depende de ti. El problema es que esa lógica no libera: convierte al propio individuo en su verdugo, sin necesidad de un jefe que lo obligue.

Es la diferencia entre el ‘no puedes’ de las sociedades disciplinarias y el ‘puedes’ ilimitado de la nuestra. Suena a libertad, pero Han lo describe como una trampa más eficaz que la represión: cuando el límite desaparece, también desaparece la excusa para parar. El cansancio, la ansiedad y el burnout no son fallos del sistema — son su producto más previsible.

Por qué esta cita resuena tanto en 2026

Casi dos décadas después de escribirlo, la descripción de Han encaja con una precisión incómoda en la vida laboral actual: la disponibilidad permanente, la autoexigencia disfrazada de ‘pasión’, la sensación de que descansar hay que ganárselo. Las redes sociales añadieron una capa nueva a ese mismo mecanismo — ya no solo rendimos en el trabajo, también rendimos narrando lo productivos, felices o disciplinados que somos.

Han no propone una solución fácil, y ahí está buena parte de su valor: no vende una rutina de autocuidado para gestionar mejor el agotamiento, sino que pone en duda la propia lógica que lo produce. Su obra invita a preguntarse si el cansancio es un problema personal que hay que resolver o el síntoma de un sistema que necesita revisarse. Esa pregunta, incómoda, es probablemente la razón por la que sigue citándose tanto.