Hay una pregunta que lleva ochenta años sin respuesta en ‘El sueño eterno’ (1946): ¿quién mató a Owen Taylor, el chófer de los Sternwood, cuyo cuerpo aparece flotando dentro de un coche hundido en el mar? Ni la novela de Raymond Chandler ni la película de Howard Hawks lo aclaran. Y lo más curioso es que, según cuenta el propio Chandler, ni él lo sabía.
Un guion firmado por William Faulkner que ni el propio novelista pudo cerrar
El equipo de guionistas —formado nada menos que por William Faulkner, Leigh Brackett y Jules Furthman— se topó con el cabo suelto durante el rodaje y decidió preguntar directamente a Chandler cómo encajaba esa muerte en la trama. Su respuesta, según recogió él mismo después en una carta publicada en ‘The Raymond Chandler Papers’, fue tan escueta como honesta: no tenía ni idea.
La anécdota circula desde hace décadas con distintos grados de adorno —algunas versiones hablan de un telegrama enviado a mitad de rodaje—, y una parte de la crítica la trata como una historia embellecida con el tiempo. Pero el propio Chandler dejó por escrito su desinterés por la pregunta, lo que apunta a algo más revelador que una simple anécdota de rodaje: a Chandler no le importaba atar todos los cabos.
Por qué el misterio nunca fue el problema
‘El sueño eterno’ es una de las tramas más enrevesadas del cine negro clásico, y precisamente por eso funciona: lo que importa no es la solución del caso, sino el ambiente de humo, chantaje y frases cortantes que Bogart y Bacall sostienen escena tras escena. Chandler despreciaba la obligación de cerrar cada línea argumental como si una novela negra tuviera que comportarse como un crucigrama.
Howard Hawks entendió eso mismo al dirigir la película: en vez de simplificar la trama para que resultara comprensible, la dejó tan opaca como la novela y apostó todo a la tensión entre sus dos protagonistas. Warner Bros llegó a rodar escenas adicionales entre Bogart y Bacall casi un año después del primer montaje, precisamente para explotar la química que ya se había notado en ‘Tener y no tener’ (1944).
Un clásico que sigue sin necesitar respuestas
La película se estrenó finalmente en 1946, tras un retraso de más de un año por la prioridad que los estudios dieron entonces al cine bélico, y hoy figura en el Registro Nacional de Cine de Estados Unidos. Ocho décadas después, nadie ha resuelto quién mató al chófer — y esa es, quizás, la prueba más clara de que la pregunta nunca fue lo importante.
