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Phoebe Waller-Bridge, creadora de series: ‘Cualquier cosa puede pasar’

Una de las mentes más brillantes de la televisión contemporánea resume en cuatro palabras la absoluta incertidumbre de estar vivos en la era del control milimétrico.

Phoebe Waller-Bridge, creadora de series: 'Cualquier cosa puede pasar'

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Vivimos en una época extrañamente obsesionada con la previsibilidad. Las aplicaciones de citas nos prometen compatibilidades algorítmicas antes de tomar un café; los calendarios de nuestros teléfonos móviles están cuadriculados hasta el último minuto libre; y el algoritmo de cualquier plataforma de streaming disecciona nuestros gustos con una precisión quirúrgica para que el entretenimiento nunca suponga una sorpresa incómoda. Queremos saber qué va a pasar exactamente en la siguiente hora, en el próximo trimestre o en los próximos diez años. Sin embargo, frente a esta tiranía del control y la planificación permanente, surgen de vez en cuando voces que nos recuerdan la belleza radical de lo inescrutable. Phoebe Waller-Bridge, la creadora británica que redefinió la comedia dramática moderna con obras maestras como Fleabag, pronunció una frase que encapsula como pocas la esencia misma de la ficción y de la existencia humana.

«Cualquier cosa puede pasar».

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Esta aparente sencillez es, en realidad, un manifiesto contra el automatismo en el que solemos caer cada mañana al despertar. Cuando trasladamos esta premisa a nuestras pantallas y a nuestra cotidianidad en pleno 2026, nos damos cuenta de lo mucho que nos cuesta aceptar la vulnerabilidad del caos. Estamos tan hiperconectados que cualquier imprevisto técnico, cualquier retraso en el transporte o cualquier giro inesperado en nuestras relaciones personales se vive casi como una catástrofe personal. Hemos sustituido la curiosidad por el diagnóstico previo. La frase de Waller-Bridge nos devuelve, por el contrario, a ese estado de alerta luminosa donde el futuro no es un Excel que hay que rellenar, sino un territorio virgen repleto de posibilidades reales.

Del algoritmo del móvil a la sorpresa real: por qué nos aterra que cualquier cosa pueda pasar

Analicemos nuestro día a día con honestidad: ¿cuántas horas pasamos deslizando pantallas buscando una validación previsible? La tecnología actual nos vende la ilusión de que podemos evitar el dolor, el rechazo o el desconcierto si filtramos lo suficiente la realidad. Sin embargo, como bien demostró la guionista en su aclamada ficción televisiva, los momentos más transformadores de nuestras vidas ocurren precisamente cuando el suelo se desploma bajo nuestros pies y no queda más remedio que improvisar. La gracia de estar vivos radica en esa zona de sombra donde el guion previsto se rompe en mil pedazos y nos obliga a improvisar con lo que tenemos a mano.

En el ámbito de la creación artística —y en especial en la escritura de series de televisión—, la tentación de caer en los tropos seguros, en los giros argumentales medidos al milímetro para contentar a las masas, es constante. Las grandes obras, sin embargo, nacen de la disposición de su autor a saltar al vacío sin red de seguridad. Recordar que «cualquier cosa puede pasar» no es solo una invitación al optimismo ingenuo, sino un reconocimiento sobrio de que el control absoluto es una fantasía inútil. Cuando aceptamos que el desorden forma parte del pacto de estar en el mundo, la presión por hacerlo todo perfecto disminuye de manera radical, permitiéndonos respirar hondo al fin.

Así pues, la próxima vez que notes cómo la ansiedad por planificarlo absolutamente todo se apodera de tu jornada laboral, de tu tiempo libre o de tus vínculos afectivos, intenta evocar esta máxima televisiva. Deja que el margen de lo imprevisto recupere su espacio natural en tu rutina diaria, porque es justamente ahí, en lo inesperado y lo incontrolable, donde empieza lo verdaderamente memorable. Al final, las mejores historias de nuestra vida nunca vienen con manual de instrucciones ni con sinopsis garantizada.