Hay pocos objetos en la historia del cine tan discutidos como el maletín que persiguen Vincent Vega y Jules Winnfield en ‘Pulp Fiction’ (1994). Cada vez que alguien lo abre en pantalla, un resplandor dorado ilumina su rostro y lo deja momentáneamente hipnotizado. El espectador nunca ve lo que hay dentro. Treinta años después, Quentin Tarantino sigue sin decirlo, y todo indica que nunca lo hará.
Un truco de rodaje muy simple para un enigma que no lo es tanto
El efecto se consiguió con un recurso casi artesanal: una pequeña bombilla colocada dentro del maletín, fuera del encuadre de la cámara, que se encendía en el momento justo para iluminar el rostro de los actores. Nada de ordenadores ni efectos digitales. Tarantino decidió desde el guion que el contenido no se vería nunca, y cuando le han preguntado directamente por ello a lo largo de los años, su respuesta ha sido siempre esquiva: «No seas ridículo. Es lo que tú quieras que sea». Para el director, el maletín funciona como puro MacGuffin, el término que Hitchcock popularizó para referirse a un objeto que empuja la trama hacia adelante sin que su naturaleza concreta importe realmente.
La pista que conecta con ‘Reservoir Dogs’
El dato que más ha alimentado la teoría más popular vino, curiosamente, no de Tarantino sino de Roger Avary, coguionista de la película. Avary reveló en una entrevista que la idea original para el contenido del maletín eran diamantes, pero que la descartaron por parecerles «demasiado aburrida y predecible». El detalle no es menor: los diamantes son precisamente el objeto del atraco que da pie a toda la trama de ‘Reservoir Dogs’ (1992), la ópera prima de Tarantino, ambientada en el mismo universo narrativo que ‘Pulp Fiction’. Nunca se ha confirmado que sean las mismas piedras, pero la coincidencia ha bastado para que buena parte de la teoría fan gire en torno a esa conexión entre ambas películas.
Del alma vendida al diablo al traje dorado de Elvis
Al margen de los diamantes, la teoría más citada sostiene que dentro está el alma de Marsellus Wallace, el jefe criminal al que sirven los protagonistas: el código de la cerradura del maletín es 666, y el propio Wallace luce una tirita en la nuca durante buena parte de la película, un detalle que muchos espectadores han interpretado como la marca de una supuesta venta de su alma al diablo. Otras lecturas más terrenales apuntan a que se trata simplemente de droga, en referencia a la expresión «sunshine in a bag» usada en algunas jergas para la heroína, mientras que los fans más lúdicos prefieren pensar que es el traje dorado de Elvis que Tarantino terminaría usando años después en otra de sus películas. Ninguna de estas teorías tiene más aval que las demás, y esa es exactamente la gracia: mientras Tarantino siga callado, el maletín seguirá siendo uno de los pocos secretos de Hollywood que ni el propio tiempo ha conseguido resolver. Ni siquiera el reparto original, empezando por John Travolta y Samuel L. Jackson, ha soltado prenda al respecto en las últimas tres décadas de entrevistas, ruedas de prensa y reencuentros por aniversario de la película, lo que hace pensar que, si en algún momento hubo una respuesta única y cerrada, es muy probable que se quedara únicamente en la cabeza de Tarantino.
