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La verdadera historia detrás de la rivalidad entre Mozart y Salieri en ‘Amadeus’

El cine a menudo convierte los mitos populares en verdades incuestionables para el gran público. La obra maestra ‘Amadeus’ (1984), dirigida por…

Wolfgang Amadeus Mozart, retrato de Johann Nepomuk della Croce (1780-81, dominio público, Wikimedia Commons)

El cine a menudo convierte los mitos populares en verdades incuestionables para el gran público. La obra maestra ‘Amadeus’ (1984), dirigida por Milos Forman, cimentó en el imaginario colectivo la idea de que Antonio Salieri asesinó por envidia a Wolfgang Amadeus Mozart. Lejos de ser un documental histórico, el guion escrito por Peter Shaffer adaptando su propia obra de teatro de 1979 responde a una deliberada dramatización. La cinta ganó ocho premios Oscar, incluyendo mejor película y mejor actor para F. Murray Abraham en el papel de Salieri, mientras que Tom Hulce dio vida al compositor austriaco.

Una fantasía dramática sin pretensiones de rigor histórico

El propio autor del libreto nunca ocultó la naturaleza manipulada de su propuesta narrativa ante los espectadores y la crítica especializada. Peter Shaffer describió explícitamente su creación como una fantasía sobre un tema real, reconociendo sin ambages su condición de ficción dramática y no de biografía rigurosa. La trama arranca con un Salieri anciano que, desde un psiquiátrico en el año 1823, confiesa haber envenenado a su célebre colega movido por unos celos enfermizos hacia su talento innato. Esta estructura narrativa utiliza un narrador deliberadamente poco fiable para construir un relato donde el odio obsesivo sustituye a cualquier atisbo de reconstrucción documental fidedigna.

Los orígenes literarios de una leyenda centenaria

La idea de un asesinato motivado por la envidia no surgió de la mente del guionista cinematográfico en los años setenta. El origen de semejante leyenda negra resulta mucho más antiguo que la propia película de los estudios Hollywood y se remonta a la tradición literaria rusa. Concretamente, la obra de teatro ‘Mozart y Salieri’ escrita por Alexander Pushkin en 1830 plantó la semilla inicial de esta supuesta conspiración letal. Dicha pieza dramática inspiró posteriormente una ópera compuesta por Rimsky-Korsakov, demostrando que Shaffer se apoyó en una corriente cultural previa y consolidada durante décadas en lugar de inventar la premisa de la nada.

Las desconcertantes coincidencias con los hechos reales

A pesar de la naturaleza ficticia del argumento central, la investigación histórica revela que existieron ciertos elementos reales que alimentaron las sospechas durante generaciones. Por un lado, el propio Wolfgang Amadeus Mozart escribió a su esposa Constanze en 1789, apenas dos años antes de su fallecimiento, una frase premonitoria que quedó registrada en su correspondencia. En aquellas cartas afirmaba estar convencido de que le habían envenenado, un comentario que sirvió de caldo de cultivo para las posteriores teorías conspirativas. Por otro lado, Antonio Salieri sufrió verdaderamente una grave crisis física y mental en el otoño de 1823, siendo ingresado en el hospital general de Viena en un estado de profunda demencia.

Antonio Salieri, retrato de Joseph Willibrord Mähler / Wikimedia Commons, dominio público

La confesión delirante y la verdadera causa de la muerte

Durante aquel episodio de pérdida de lucidez en el hospital vienés, el anciano músico se acusó a sí mismo de haber matado a su antiguo compañero de profesión. Sin embargo, en cuanto recuperó la estabilidad mental y la lucidez, se retractó por completo de semejante afirmación ante quienes le rodeaban. Salieri calificó aquella supuesta confesión como un producto absurdo generado exclusivamente por su propia locura senil. En paralelo, los análisis retrospectivos modernos basados en los síntomas registrados durante el invierno de la muerte de Mozart apuntan en una dirección médica muy diferente. Los expertos actuales coinciden en que la fiebre alta, el edema severo y el sarpullido encajan con una epidemia de infección estreptocócica que afectó a numerosos pacientes en Viena en aquella misma época, descartando cualquier rastro de veneno.