Pocas películas de la historia del cine arrastran una leyenda negra tan persistente como ‘El exorcista’, dirigida por William Friedkin en 1973. Detrás de una de las cumbres del terror cinematográfico se esconde una acumulación de sucesos extraños, accidentes laborales y tragedias personales que el equipo técnico y artístico sufrió en primera persona. Lejos del marketing promocional de la época, los hechos demuestran que el rodaje fue un infierno real que dejó secuelas físicas imborrables en el reparto principal.
El incendio inexplicable que perdonó la habitación de Regan
Antes de empezar la grabación del interior de la casa de los MacNeil, un incendio destruyó por completo el decorado construido para tal fin. La única excepción de aquella catástrofe material fue la habitación de Regan, la niña poseída interpretada por Linda Blair. La investigación determinó que la causa exacta del fuego fue un cortocircuito provocado por una paloma que consiguió entrar en el set cerrado. Este incidente provocó que el plan de rodaje se retrasara durante varias semanas mientras los operarios reconstruían el decorado al completo desde cero. La permanencia intacta del dormitorio maldito sirvió como primer combustible para alimentar las sospechas supersticiosas del equipo.
Lesiones reales y gritos de dolor que se quedaron en el montaje final
La dureza física del rodaje traspasó los límites de la ficción durante la secuencia en la que Regan golpea a su madre Chris MacNeil y la lanza contra la pared. Dicha escena se rodó utilizando un arnés que un miembro del equipo tiraba bruscamente mediante un cable de acero. La actriz Ellen Burstyn advirtió previamente al director de que la estaban tirando con una fuerza excesiva tras ensayar una de las tomas. Sin embargo, el tirón fue igualmente brutal en la toma elegida para la película, provocando que la actriz cayese de golpe sobre el coxis. Según ha relatado la propia Burstyn en distintas entrevistas junto al director, entre ellas una recogida por Yahoo Entertainment, tras quejarse del golpe recibido en el ensayo, Friedkin le aseguró al equipo que aflojaran la fuerza del tirón — pero la actriz siempre sospechó que la orden se revirtió a sus espaldas, porque en la toma definitiva el operario «la estampó contra el suelo» con la misma violencia que antes. El grito de dolor que se escucha en el metraje definitivo es completamente real, no interpretado, y la lesión de columna resultante fue de carácter permanente para la intérprete. La propia Linda Blair sufrió otra lesión de espalda distinta en otra secuencia donde un arnés distinto la sacudía con violencia sobre la cama durante las convulsiones de Regan.
Muertes trágicas y coincidencias macabras con el guion
El rodaje y sus inmediaciones acumularon desgracias personales que golpearon directamente al reparto de la producción cinematográfica. Dos actores secundarios fallecieron poco después de terminar su participación en la película dirigida por William Friedkin. Jack MacGowran, encargado de dar vida a Burke Dennings, murió a los 54 años de edad debido a las complicaciones derivadas de una gripe común. Poco después falleció también Vasiliki Maliaros, la actriz que interpretaba a la madre del padre Karras en la ficción. La coincidencia que más alimentó la fama de maldición de la cinta fue, simplemente, que ambos personajes mueren dentro de la propia trama y que sus intérpretes reales fallecieron poco después, en la vida real, de haber dado vida a esas muertes ficticias. A esto se sumó otro suceso que nada tenía que ver con el guion: el hijo pequeño de Jason Miller (el actor que interpretaba al padre Karras), un niño con hidrocefalia, sufrió un grave atropello al ser golpeado por una motocicleta mientras jugaba con su padre en una playa durante el rodaje.
La intervención religiosa y la postura del reparto
Ante el creciente nerviosismo que se extendió entre los trabajadores por la acumulación de incidentes, el director tomó una medida excepcional. William Friedkin pidió al padre Thomas Bermingham, un sacerdote jesuita que ejercía como asesor técnico religioso, que acudiera a bendecir el set. El religioso se negó rotundamente a realizar un exorcismo por no creer en la presencia de fenómenos demoníacos, pero sí accedió a bendecir el decorado y a todo el personal. A pesar de la mitología construida alrededor del filme, la propia Linda Blair ha restado importancia a la teoría de la maldición en diversas entrevistas concedidas a lo largo de los años. La actriz ha recordado que ella era protestante y no católica practicante durante la producción, desvinculando su experiencia de las lecturas sobrenaturales que persisten hoy en día. Con o sin maldición de por medio, lo cierto es que ninguno de estos incidentes fue inventado después para vender más entradas: las lesiones de Burstyn y Blair, las muertes de MacGowran y Maliaros, y el accidente del hijo de Miller ocurrieron de verdad durante los más de doscientos días que duró un rodaje especialmente largo para la época. La leyenda de la maldición se construyó después, sobre hechos reales que el propio equipo vivió con miedo genuino mientras filmaba.
