El cine de los noventa nos dejó joyas que marcaron a toda una generación de espectadores. Entre ellas destaca con luz propia ‘El sexto sentido’, estrenada en 1999 bajo la dirección de M. Night Shyamalan. Aquella historia sobre un niño con una sensibilidad muy especial atrapó a millones de personas en las salas de todo el mundo. Detrás de ese éxito monumental se escondía también una relación muy humana entre los dos protagonistas de la pantalla.
Un rodaje marcado por el talento precoz
Durante la producción de la cinta, Haley Joel Osment contaba tan solo con 11 años de edad. Su interpretación de Cole Sear, el joven que confesaba ver gente muerta, dejó una huella imborrable en la historia del cine fantástico. Ese trabajo le valió para convertirse en el segundo actor más joven de toda la historia en recibir una nominación al premio Oscar en la categoría de Mejor Actor de Reparto. La película arrasó en la taquilla internacional superando los 670 millones de dólares de recaudación global. Además, el filme cosechó un total de 6 nominaciones a los premios de la Academia de Hollywood. Nadie imaginaba que aquel drama sobrenatural acabaría convirtiéndose en un fenómeno cultural de tal magnitud.
La inesperada rutina telefónica tras el estreno
Lejos de los focos y de las alfombras rojas, la relación entre el veterano Bruce Willis y el joven intérprete continuó de una forma muy peculiar. En una entrevista concedida a la revista Entertainment Weekly, Osment recordó cómo era esa dinámica tras el estreno comercial. El actor, que actualmente tiene 37 años, explicó que la gran estrella de acción seguía pendiente de su bienestar. Era habitual que mantuvieran el contacto a pesar de la enorme diferencia de edad y estatus en la industria. Esa cercanía rompió con la típica distancia fría que suele imperar entre los grandes estudios y los actores noveles.
Mensajes en el contestador que guardaba al llegar de clase
Las llamadas del protagonista de ‘La jungla de cristal’ tenían una sencillez que desmonta cualquier idea preconcebida sobre las grandes celebridades. El propio Osment relató en la citada entrevista cómo vivía aquellos momentos al regresar de sus obligaciones escolares cotidianas. Al llegar a su domicilio familiar, a menudo se encontraba con la señal parpadeante del contestador automático esperando ser escuchada. El contenido de aquellas grabaciones era siempre directo, afectuoso y completamente alejado de la pretenciosidad. Willis se limitaba a saludar con una frase muy concreta: «Hola, Haley Joel. Solo quería saludarte». Aquellos sencillos destellos de atención se convirtieron en recuerdos imborrables para el joven intérprete.
Unos recuerdos guardados para siempre en casa
El paso de los años no ha borrado el cariño de aquella época dorada del cine de suspense. El actor ha confesado en diversas ocasiones que todavía conserva esos mensajes grabados en algún lugar seguro de su casa. En una época donde la comunicación digital es fría e impersonal, rescatar esta anécdota devuelve cierta calidez a la memoria cinéfila. Demuestra que el compañerismo en los rodajes trasciende a menudo la propia pantalla y deja poso en la vida real. Al final, las películas se apagan pero los gestos sinceros entre las personas permanecen intactos con el paso de las décadas.
