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Las extrañas coincidencias que rodaron junto al equipo de ‘La profecía’

El rodaje de una película sobre el anticristo suele alimentar leyendas urbanas, pero los sucesos reales que marcaron la producción de 'La profecía' superan cualquier estrategia publicitaria convencional.

Las extrañas coincidencias que rodaron junto al equipo de 'La profecía'

20th Century Fox / TMDB

Pocas películas de terror arrastran una leyenda negra tan persistente como ‘La profecía’, estrenada en 1976 y dirigida por Richard Donner. Lo que comenzó como un encargo cinematográfico protagonizado por Gregory Peck y Lee Remick se convirtió pronto en un cúmulo de incidentes insólitos que desafiaban la simple casualidad. Antes siquiera de que comenzaran las grabaciones, el proyecto sufrió negativas sonadas por parte de varias estrellas de Hollywood. Charlton Heston rechazó la oferta formal el 19 de julio de 1975 porque no quería pasar el invierno europeo apartado de su entorno habitual. William Holden tampoco aceptó el papel principal debido a su aversión a protagonizar una historia centrada en el diablo, aunque curiosamente sí aceptaría participar años después en la secuela titulada ‘Damien: La profecía II’. Roy Scheider, Dick Van Dyke y Charles Bronson también fueron considerados para el papel; Van Dyke lo rechazó por la violencia del guion, una decisión que él mismo calificaría después como «una estupidez». Encontrar al niño capaz de interpretar a Damien resultó igual de complicado: más de 500 candidatos se presentaron al casting hasta que Donner dio con Harvey Stephens, entonces de cuatro años, tras animar deliberadamente a los aspirantes a «atacarle» durante una prueba de grupo. Stephens le arañó la cara y le dio una patada, y se quedó con el papel en el acto; como su pelo rubio y rizado no encajaba con la imagen siniestra buscada, el equipo se lo tiñó de negro y se lo alisó.

Un avión esquivado y rayos que persiguen al reparto

La acumulación de sucesos extraños comenzó a manifestarse de forma alarmante durante las semanas de planificación y rodaje inicial. Un avión chárter que había sido reservado originalmente para que el equipo de producción viajara a Israel fue reasignado a otro cliente a última hora por cuestiones logísticas. Esa misma aeronave chocó contra una bandada de pájaros al despegar y se estrelló sin dejar ningún superviviente entre sus ocupantes. El propio Richard Donner ha confirmado este episodio en numerosas entrevistas como un hecho tan aterrador como real. Por su parte, el actor Gregory Peck y el productor Mace Neufeld sufrieron otro episodio inquietante al verse a punto de ser alcanzados por un rayo en Roma. Por separado, el avión en el que viajaba Peck hacia el Reino Unido sufrió daños significativos tras recibir el impacto directo de otro rayo durante el trayecto. Para aumentar la sensación de asedio atmosférico, el guionista David Seltzer también viajó en un avión que fue alcanzado por un rayo exactamente tres días después del incidente de Peck.

Zoológicos peligrosos y escenas de terror demasiado reales

La tensión traspasó la pantalla durante la filmación de una secuencia especialmente compleja en el zoológico de Windsor Safari Park. Durante el rodaje del ataque de los babuinos al coche familiar, la actriz Lee Remick experimentó problemas mecánicos reales con la palanca de cambios mientras los animales rodeaban y atacaban el vehículo. Su pánico ante la situación fue completamente genuino, ya que los babuinos se encontraban sueltos y fuera de control en ese preciso instante. Poco después de rodar aquella secuencia, uno de los guardas de seguridad de ese mismo zoológico perdió la vida tras ser atacado ferozmente por dos leones que consiguieron colarse en su caseta de descanso. La línea entre la ficción cinematográfica y el peligro real parecía difuminarse cada vez que la producción se trasladaba a exteriores naturales o recintos con animales salvajes.

20th Century Fox / TMDB

El trágico destino del equipo de efectos especiales

El incidente más oscuro y recordado de toda la producción afectó directamente al departamento técnico tras finalizar la fase principal de rodaje. El supervisor de efectos especiales John Richardson sufrió un gravísimo accidente de tráfico en los Países Bajos meses después de terminar la película, mientras trabajaba en el rodaje de ‘A Bridge Too Far’. Su ayudante y pareja, Liz Moore, murió decapitada de forma trágica cuando una rueda salió despedida de otro vehículo en plena carretera. Este suceso heló la sangre de la industria porque Richardson había sido precisamente el responsable de diseñar una de las muertes más icónicas de ‘La profecía’, aquella en la que un personaje muere decapitado por una plancha de cristal. Alrededor de este siniestro se popularizó además una leyenda urbana que indicaba que, tras el impacto, el técnico vio una señal de tráfico que señalaba hacia la localidad neerlandesa de Ommen a una distancia de 66,6 kilómetros, un detalle que circula ampliamente aunque carece de una fuente policial primaria confirmada.

Una producción bendecida según sus propios creadores

A pesar de toda esta cadena de coincidencias luctuosas, tragedias y fenómenos meteorológicos extremos, los máximos responsables de la obra siempre han rechazado la teoría de la maldición. Tanto el director Richard Donner como el productor Mace Neufeld han declarado en repetidas ocasiones que no creen en maldiciones cinematográficas de ningún tipo. Lejos de tildar la experiencia de infausta, ambos la describieron posteriormente como una producción casi bendecida por el éxito comercial y el resultado artístico final obtenido. La resistencia del equipo ante la adversidad terminó por consolidar la película como un clásico indiscutible del cine de terror, demostrando que la fascinación por el mal en la gran pantalla a veces convive con el desconcierto del mundo real.