Cada diez años, la revista británica Sight and Sound —editada por el BFI, el Instituto de Cine Británico— hace algo que ninguna otra publicación se atreve a hacer a esa escala: pregunta a más de mil quinientos críticos, programadores, académicos y archivistas de todo el mundo cuál es, para ellos, la mejor película jamás hecha. Es la encuesta de consenso crítico más citada del planeta, la que lleva haciéndose desde 1952, y en 2022 dio un resultado que nadie esperaba.
La ganadora: ‘Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles’
Con 1.639 votos de crítica recogidos, la película que se llevó el número uno fue ‘Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles’ (1975), de la directora belga Chantal Akerman. Y no es una elección cómoda ni de las que suenan en cualquier lista de streaming: son tres horas y veinte minutos siguiendo, casi en tiempo real, la rutina doméstica de una viuda (Delphine Seyrig) que se prostituye por las tardes para mantener a su hijo. Sin apenas diálogo, sin música, con planos fijos que registran cada gesto cotidiano.
Lo que la llevó a lo más alto no fue la trama, sino lo que representa: es la primera vez en los setenta años de historia de la encuesta que una película dirigida por una mujer ocupa el primer puesto. En la edición anterior, la de 2012, ni siquiera estaba entre las diez primeras. Su ascenso hasta el número uno es, según reconoce la propia BFI, el cambio más significativo que ha dado la lista en toda su historia.
Las tres que la siguen, según el mismo consenso
Si ya conoces la número uno —o si, como es lo más probable, todavía no la has visto—, estas son las tres películas que el mismo grupo de expertos coloca justo después, y por qué siguen ahí generación tras generación:
2. ‘Vertigo’ (1958), de Alfred Hitchcock. Fue la número uno indiscutible en las encuestas de 2002 y 2012, y sigue en el podio. La historia de un detective (James Stewart) obsesionado con una mujer que quizá no es quien dice ser sigue siendo el ejemplo de manual de cómo construir suspense psicológico sin apenas violencia en pantalla, solo con la cámara, la música de Bernard Herrmann y la propia obsesión del espectador.
3. ‘Citizen Kane’ (1941), de Orson Welles. Fue la reina indiscutible de la lista durante cincuenta años, de 1962 a 2002. Welles tenía 25 años cuando la rodó y se permitió romper casi todas las normas de la época: estructura no lineal, profundidad de campo extrema, un uso de la luz y la sombra que todavía se estudia en cualquier escuela de cine. Ochenta años después, sigue siendo la referencia obligada para hablar de ambición narrativa.
4. ‘Cuentos de Tokio’ (1953), de Yasujiro Ozu. Empatada en el cuarto puesto, es la película que un matrimonio de ancianos protagoniza al viajar a Tokio para visitar a sus hijos, ya adultos y demasiado ocupados para prestarles atención. Sin un solo grito ni una escena de gran dramatismo, Ozu retrata el distanciamiento familiar con una serenidad que varias generaciones de directores —de Wim Wenders a Hirokazu Kore-eda— han citado como influencia directa.
Ninguna de las cuatro es una elección fácil ni pensada para ver un viernes por la noche sin pensar en nada más. Pero si mil seiscientos críticos de medio mundo se ponen de acuerdo en algo, probablemente merezca la pena averiguar por qué.
