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La patada que dejó heridas de verdad: la guerra real entre Bette Davis y Joan Crawford en ‘¿Qué fue de Baby Jane?’

Detrás de la película de terror psicológico que reunió por primera y única vez a dos leyendas de Hollywood había una rivalidad de casi treinta años que se coló en el propio rodaje: golpes que dejaron marca, un truco con plomo en los bolsillos y una acusación que persiguió a Joan Crawford hasta su muerte.

La patada que dejó heridas de verdad: la guerra real entre Bette Davis y Joan Crawford en '¿Qué fue de Baby Jane?'

Dominio público, Wikimedia Commons

Hay películas que se recuerdan por lo que pasa en pantalla, y otras por lo que pasó justo detrás de la cámara mientras se rodaban. ‘¿Qué fue de Baby Jane?’ (Robert Aldrich, 1962) pertenece a las dos categorías: es un clásico del terror psicológico sobre dos hermanas ancianas atrapadas en la misma casa, y también el único rodaje en el que compartieron plató dos de las actrices más grandes —y más enfrentadas— de la historia de Hollywood: Bette Davis y Joan Crawford.

Un rencor que empezó casi treinta años antes

La rivalidad no nació en este rodaje. Se remonta a 1935, durante el rodaje de ‘Peligrosa’ (‘Dangerous’), cuando Davis se enamoró del actor Franchot Tone. Tone terminó casándose con Joan Crawford ese mismo año, y Davis nunca se lo perdonó del todo. Durante casi tres décadas, ambas actrices evitaron trabajar juntas — hasta que, ya en la cuarentena y con la carrera de ambas en un momento incierto, aceptaron protagonizar juntas esta producción, estrenada el 31 de octubre de 1962.

Una película que ningún estudio quería financiar

Irónicamente, fue la propia Joan Crawford quien puso en marcha el proyecto: le hizo llegar al director Robert Aldrich la novela de 1960 de Henry Farrell en la que se basa la historia. Aldrich compró los derechos y encargó el guion a Lukas Heller, pero ningún gran estudio quiso poner el dinero: dos actrices consideradas ya «acabadas» no eran, en palabras del propio Aldrich, «un producto con beneficio garantizado». Terminó financiándola la productora independiente Seven Arts, con Warner Bros. limitándose a distribuirla — y ambas estrellas aceptaron cobrar poco por adelantado a cambio de un porcentaje de los beneficios. La apuesta salió redonda: la película recaudó unos 9 millones de dólares en Norteamérica, una cifra enorme para su presupuesto modesto, y sumó cinco nominaciones al Oscar, incluida la de Davis como mejor actriz.

Ni siquiera las condiciones del contrato estuvieron libres de tensión: Davis cobró 60.000 dólares frente a los 40.000 iniciales de Crawford (que tras renegociar bajó a 30.000 más el 15% de los beneficios), y fue Davis quien se quedó con el primer puesto en los créditos y derecho a aprobar decisiones de producción. Según cuentan varias biografías, Davis llegó a instalar una máquina de Coca-Cola cerca del camerino de Crawford —viuda de un ejecutivo de Pepsi y accionista de la marca rival— solo para incomodarla.

MGM, dominio público, Wikimedia Commons

La patada que sí dejó marca

Durante el rodaje, la tensión entre ambas se coló en algunas escenas de forma muy literal. En una de ellas, el personaje de Davis debía dar una patada al de Crawford tendida en el suelo. Crawford siempre sostuvo que el golpe fue real y que necesitó puntos de sutura; Davis, por su parte, insistió en que apenas la tocó. Biografías más recientes, como la de Scott Eyman, matizan que hubo un golpe real —no fue solo teatro— pero que la gravedad de la herida probablemente se exageró con los años, como ha pasado con buena parte de esta leyenda. Lo que sí está mejor documentado, recogido en la biografía de referencia sobre esta rivalidad, ‘Bette and Joan: The Divine Feud’ de Shaun Considine, es la revancha: en otra escena en la que Davis tenía que arrastrar a Crawford por el suelo, esta se cosió pesos de plomo en los bolsillos de la bata para hacerle el trabajo más duro, sabiendo que Davis sufría de problemas crónicos de espalda.

La leyenda que sobrevivió a las dos

Davis no ganó el Oscar al que fue nominada por este papel: el premio fue para Anne Bancroft por ‘El milagro de Ana Sullivan’, ausente de la ceremonia. La estatuilla la recogió en su nombre, subiendo al escenario, la propia Joan Crawford. Con los años, Davis dejó caer en varias entrevistas que Crawford se había dedicado a llamar en persona a actrices nominadas que vivían fuera de Los Ángeles para convencerlas de votar por Bancroft y no por ella, solo para poder subir ella misma al escenario a «vencer» a su rival. Es una historia que se repite constantemente como si fuera un hecho probado, pero conviene ser honestos: no existe ningún testigo ni documento de la época que la confirme, es la palabra de Davis contra la negación explícita de Crawford.

Esta rivalidad sigue tan viva que en 2017 FX le dedicó toda una temporada de la antología ‘Feud’, creada por Ryan Murphy, con Susan Sarandon como Davis y Jessica Lange como Crawford — una serie bien recibida por la crítica (95% en Rotten Tomatoes) pero que varios historiadores y medios especializados en fact-checking han señalado por inclinarse hacia los mitos más jugosos antes que hacia los hechos mejor documentados, justo el mismo terreno resbaladizo que atraviesa esta historia real. Y el propio éxito de ‘¿Qué fue de Baby Jane?’ tuvo una consecuencia que nadie esperaba: relanzó la carrera de ambas actrices y, según coinciden los historiadores del género, dio origen al subgénero conocido como «psycho-biddy» o hagsploitation, del que salieron títulos como ‘Canción de cuna para un cadáver’ o ‘Chalado a la fuerza’. Sesenta años después, sigue siendo la prueba de que, a veces, la ficción más inquietante de una película no está solo en el guion.