El 16 de agosto de 1956, Bela Lugosi murió de un infarto en su apartamento de Los Ángeles. Lo encontró su quinta esposa, Hope Lininger. Tenía 73 años y llevaba desde 1931 —el año en que estrenó ‘Drácula’ para Universal— cargando con el peso de un personaje que nunca lo dejó marchar, ni en vida ni, como quiso el propio destino, en la muerte: lo enterraron con una capa de Conde Drácula puesta. Pero la historia real detrás de esa imagen tiene más matices —y algún mito de por medio— de lo que suele contarse.
Una decisión familiar, no necesariamente su última voluntad
Durante años se ha repetido que enterrar a Lugosi con la capa fue idea suya, un deseo expresado antes de morir. Es la versión que dio en su momento Hope Lininger a la prensa. Pero Bela Lugosi Jr., el único hijo del actor, ha contado en varias entrevistas a lo largo de los años una versión distinta: fue él, junto a su madre Lillian Arch (cuarta esposa de Lugosi, ya divorciada del actor en 1956), quien tomó la decisión después de su muerte, convencidos de que era lo que su padre habría querido. No hay ningún documento ni testimonio de la época que confirme que Lugosi pidiera explícitamente que lo enterraran así — es, con los datos disponibles, una decisión de la familia tras su fallecimiento, no una última voluntad registrada en vida.
La capa que sí lo acompañó no era la de la película
Aquí está el dato menos conocido de toda la historia: la capa con la que Bela Lugosi fue enterrado no era la capa original que vistió en el rodaje de ‘Drácula’ en 1931. Antes de morir, Lugosi le había entregado esa capa auténtica —diseñada por la modista de Universal Vera West— a Lillian, con instrucciones explícitas de guardarla para que la heredara su hijo. La capa que llevó al ataúd era una versión más ligera, la que el propio Lugosi solía usar en apariciones públicas y convenciones de fans en sus últimos años, cuando ya vivía casi exclusivamente de revivir a su personaje más famoso en giras y actos promocionales. La capa auténtica de 1931 pasó efectivamente a Bela Lugosi Jr. y, décadas después, en 2011, se subastó a través de la casa Profiles in History.
El mito de Peter Lorre, Vincent Price y la estaca
Es probablemente la anécdota más repetida sobre este funeral, y también la menos cierta. La leyenda cuenta que durante el velatorio, alguien —normalmente se atribuye a Peter Lorre, a veces con Vincent Price presente— bromeó en voz baja preguntando si no deberían clavarle una estaca en el corazón antes de cerrar el ataúd, «por si acaso». Es una anécdota perfecta, del tipo que se cuenta una y otra vez porque encaja demasiado bien con la leyenda del actor. El problema es que biógrafos serios de Lugosi, como Arthur Lennig y Gary Don Rhodes, han revisado a fondo el registro de asistentes al funeral y no hay constancia de que ni Lorre ni Price estuvieran allí — de hecho, el propio Vincent Price llegó a negar públicamente haber conocido siquiera a Lugosi en persona. El funeral se celebró en el cementerio Holy Cross de Culver City, en la sección conocida como la Gruta, con una asistencia modesta de en torno a sesenta personas, entre ellas el director Ed Wood, con quien Lugosi había trabajado en sus últimos y más precarios años de carrera.
Una carrera atrapada por su propio personaje
El destino de Lugosi tras ‘Drácula’ es, en el fondo, la parte más triste de esta historia y la que explica por qué la imagen de la capa resulta tan simbólica. El éxito arrollador de la película lo convirtió, casi de la noche a la mañana, en sinónimo de un único papel: los estudios dejaron de ofrecerle prácticamente cualquier cosa que no fuera variaciones del mismo conde vampiro o villanos de terror de serie B, mientras su gran rival de la época, Boris Karloff, lograba una carrera bastante más variada. Los últimos años de Lugosi estuvieron marcados por problemas económicos serios y por una adicción a la morfina y la metadona —originada, según distintas biografías, en un tratamiento para el dolor crónico de espalda— que llegó a hacerle ingresar voluntariamente en una clínica de desintoxicación en 1955, un año antes de morir. Fue precisamente en ese periodo final, ya casi sin ofertas de los grandes estudios, cuando trabajó con Ed Wood en películas hoy consideradas entre las más torpes de la historia del cine, como ‘Plan 9 from Outer Space’ —que ni siquiera llegó a estrenarse hasta después de su muerte—. El detalle, muy repetido en internet, de que lo encontraron con un guion de una película de Frankenstein entre las manos no tiene ningún respaldo documental: según los relatos más fiables, Hope lo encontró en la cama, en ropa interior, sin nada entre las manos.
Setenta años después, la imagen de Lugosi enterrado con su capa sigue siendo el resumen perfecto de su carrera: la prueba de que, para el público, nunca dejó de ser Drácula — aunque la capa exacta, como tantas otras cosas de esta historia, no fuera del todo la que todos creen.
