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‘Bartleby, el escribiente’: el clásico de Melville que convierte una negativa en un misterio

Un empleado empieza a rechazar las tareas de una oficina sin levantar la voz. El relato de Herman Melville sigue inquietando porque no entrega una explicación cómoda para su protagonista ni deja a salvo a quien cuenta su historia.

Retrato de Herman Melville

Bartleby, el escribiente, de Herman Melville, cuenta cómo la negativa persistente de un copista desordena una oficina y la conciencia de su empleador. Publicado por primera vez en 1853, el relato mantiene su fuerza porque transforma una acción mínima, no hacer lo que se espera de uno, en una pregunta que nadie consigue cerrar de forma satisfactoria.

El escenario de Wall Street resulta esencial para esa incomodidad. La oficina funciona mediante tareas, jerarquías y expectativas que parecen evidentes hasta que un trabajador deja de responder a ellas. Bartleby no necesita organizar una gran escena para alterar el ambiente: basta con que su comportamiento deje de encajar en el circuito habitual de órdenes y cumplimiento. La normalidad revela entonces cuánta obediencia daba por descontada.

Por qué la negativa de Bartleby resulta tan difícil de interpretar

La negativa resulta difícil de interpretar porque Melville no entrega al lector una explicación psicológica definitiva. El personaje trabaja inicialmente como copista y después rechaza encargos, solicitudes y presiones con una fórmula que se repite. El texto no permite reducir esa conducta a una etiqueta tranquilizadora sin dejar fuera una parte importante de su extrañeza.

La tentación más inmediata consiste en convertir a Bartleby en una consigna. Su resistencia puede parecer admirable cuando se observa desde lejos, como si encarnara la fantasía de abandonar de una vez todas las obligaciones absurdas. Sin embargo, el relato es menos complaciente: la retirada del personaje no se presenta como una solución fácil ni como el comienzo de una existencia luminosa al margen de los demás.

La otra simplificación consiste en tratar al escribiente como un problema que solo necesita una explicación correcta. Esa mirada reproduce el deseo de la oficina de clasificar lo que incomoda para recuperar cuanto antes su funcionamiento. El relato resiste ese impulso porque conserva una distancia entre lo que los personajes observan y lo que creen saber. La falta de una respuesta cerrada no es un defecto: sostiene la lectura.

La repetición también modifica la posición del lector. Una negativa aislada podría parecer una anécdota; una negativa que vuelve una y otra vez obliga a examinar la expectativa de disponibilidad que la rodea. El malestar no nace únicamente de que Bartleby se niegue, sino de que no ofrezca la justificación que permitiría a los demás decidir con rapidez si deben disculparlo, corregirlo o apartarlo.

Qué revela el narrador cuando intenta comprender a su empleado

El narrador revela sus propios límites mientras intenta explicar los de su empleado. La historia llega a través de un hombre de leyes que describe su despacho y a quienes trabajan en él, de modo que el lector no accede a Bartleby desde una posición neutral. La selección de detalles y las reacciones del empleador forman parte del problema que el relato plantea.

La compasión del narrador convive con su deseo de que la situación deje de perturbarlo. Esa mezcla vuelve especialmente fértil el libro: permite pensar en la diferencia entre ayudar a alguien y conseguir que esa persona vuelva a ser manejable. Una buena intención puede resultar insuficiente cuando depende de que el otro acepte el lugar que hemos preparado para él dentro de nuestra explicación.

Leer Bartleby, el escribiente hoy no exige convertir a su protagonista en un diagnóstico ni en un modelo de conducta. Basta con aceptar que la literatura puede mantener abierta una pregunta que la vida práctica quiere resolver demasiado deprisa. La brevedad del relato no reduce su alcance: concentra la incomodidad hasta hacer difícil olvidarla. ¿Te inquieta más la negativa de Bartleby o la necesidad de los demás de encontrarle una explicación definitiva?

Ana Ferrer

Ana es la firma de PlotTwist para la crítica cultural: reseñas de libros y críticas de cine de autor, siempre con un ojo puesto en lo que la obra dice del momento que vivimos.

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