Filosofía

Hobbes y ‘El señor de las moscas’: el miedo puede destruir la cooperación antes que el hambre

Cooperar resulta difícil cuando nadie puede confiar en que los demás respetarán los acuerdos. Thomas Hobbes permite leer la isla de El señor de las moscas como una crisis de seguridad compartida, no solo como una pelea entre buenos y malos.

El miedo puede destruir la cooperación incluso cuando colaborar sería la mejor opción para todos. Thomas Hobbes sitúa la inseguridad en el centro de su explicación del conflicto, una perspectiva que permite volver a El señor de las moscas. En la película de Peter Brook, un grupo de escolares queda aislado en una isla sin adultos y debe organizar su supervivencia. La dificultad no consiste únicamente en encontrar comida o refugio: necesitan construir una confianza que ninguna promesa individual puede garantizar por sí sola.

Por qué personas que necesitan colaborar pueden terminar enfrentadas

Personas que necesitan colaborar pueden terminar enfrentadas si creen que los demás aprovecharán su vulnerabilidad. En Leviatán, la desconfianza puede volver razonable anticiparse a una amenaza, aunque esa anticipación haga más peligroso el mundo de todos. La violencia no requiere siempre un deseo inicial de destruir. Puede surgir de una cadena de precauciones donde cada movimiento defensivo parece ofensivo desde el otro lado y obliga a responder con una precaución todavía mayor.

La importancia de Hobbes está en no reducir ese problema a la existencia de unos pocos individuos malvados. Incluso personas interesadas en vivir tranquilamente pueden desconfiar de la tranquilidad ajena si carecen de garantías. Querer la paz no equivale a sentirse seguro al practicarla. Una promesa de cooperación pierde fuerza cuando quien la incumple obtiene una ventaja y nadie puede detenerlo. El acuerdo necesita algo más que palabras compartidas: requiere condiciones que permitan cumplirlo sin quedar a merced del oportunismo de otros.

En El señor de las moscas, Ralph intenta organizar al grupo, mientras Jack construye una autoridad rival. La concha utilizada para reunir a los niños expresa una posibilidad de orden común. El símbolo funciona mientras los participantes reconocen su autoridad, no porque el objeto tenga una fuerza propia capaz de impedir la intimidación. La película permite observar la distancia entre conservar una regla y conservar las relaciones que la vuelven efectiva. Podemos seguir pronunciando las mismas normas cuando ya nadie se siente protegido por ellas.

El miedo también cambia aquello que una comunidad considera urgente. Preparar un rescate exige sostener tareas cuyo beneficio depende del futuro; responder a una amenaza inmediata puede desplazar esa paciencia. La inseguridad estrecha el horizonte de la cooperación. El grupo deja de preguntarse qué necesita para vivir mejor y empieza a organizarse alrededor de quién promete defenderlo. Esa promesa puede atraer adhesiones aunque aumente la hostilidad y convierta a otros miembros en enemigos necesarios para mantener la unidad.

Qué necesita un acuerdo para ser algo más que una promesa

Un acuerdo necesita garantías compartidas para que cumplirlo no parezca una apuesta ingenua. La respuesta de Hobbes consiste en una autoridad soberana capaz de imponer un orden común, una solución mucho más fuerte que una simple invitación a dialogar. Su propuesta concede un poder extraordinario al soberano y no debe confundirse con una defensa contemporánea de cualquier institución democrática. Precisamente por eso resulta fértil discutirla: identifica una necesidad real y ofrece una respuesta que abre preguntas exigentes sobre obediencia y protección.

La isla de Peter Brook permite examinar esa tensión sin resolverla mediante la admiración automática por el más fuerte. Una jefatura puede producir disciplina y seguir dejando indefensos a quienes no encajan en ella. El silencio de un grupo no demuestra que todos estén seguros. La ausencia de protesta puede expresar confianza, pero también miedo a hablar. La reflexión que nace del encuentro entre película y filosofía exige preguntar quién recibe protección y quién soporta el coste de la supuesta estabilidad.

La cooperación cotidiana también depende de garantías menos espectaculares. Repartir tareas exige saber que el esfuerzo no recaerá siempre sobre las mismas personas y que los desacuerdos podrán discutirse sin represalias. La confianza se sostiene mediante prácticas verificables, no únicamente mediante declaraciones de buena voluntad. Cuando una norma se aplica de manera selectiva, quienes la respetan empiezan a sospechar que su colaboración beneficia a quienes pueden ignorarla. El desgaste aparece antes de que el acuerdo se rompa formalmente.

Hobbes ayuda a comprender por qué pedir más generosidad no basta cuando el problema es estructural. Una persona puede estar dispuesta a colaborar y necesitar, al mismo tiempo, saber cómo se resolverá un incumplimiento. Reconocer esa necesidad no convierte a nadie en enemigo de la convivencia. Permite diseñar relaciones donde la cooperación no dependa de un heroísmo constante ni de la renuncia unilateral a protegerse. El orden resulta más sólido cuando cumplir deja de parecer una desventaja que otros pueden explotar.

El señor de las moscas no necesita funcionar como una demostración universal de la naturaleza humana para plantear un conflicto reconocible. Su fuerza está en mostrar cómo una comunidad pierde las condiciones que hacían posible escucharse. La lectura de Hobbes desplaza la pregunta desde quién es bueno hacia qué permite convivir sin vivir a la defensiva. El miedo puede reunir a un grupo, pero también puede impedir que ese grupo llegue a ser una comunidad. ¿Qué acuerdo de tu vida funciona porque confías en los demás y cuál necesita garantías que todavía no existen?

Ana Ferrer

Ana es la firma de PlotTwist para la crítica cultural: reseñas de libros y críticas de cine de autor, siempre con un ojo puesto en lo que la obra dice del momento que vivimos.

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