Filosofía

Gilles Deleuze, filósofo: ‘El acto de creación no transige con la voluntad de comunicar; en fondo y en forma, es lo contrario a la comunicación’

Una reflexión imprescindible sobre cómo la obsesión actual por la hipercomunicación digital está devorando silenciosamente los espacios de la verdadera creación.

Gilles Deleuze, filósofo: 'El acto de creación no transige con la voluntad de comunicar; en fondo y en forma, es lo contrario a la comunicación'

Abode of Chaos

Vivimos en una época en la que se nos exige estar permanentemente localizables, conectados y dispuestos a verter nuestra opinión sobre cualquier asunto en cuestión de segundos. La tiranía del algoritmo nos empuja a producir mensajes constantes, a alimentar las redes sociales con fragmentos de nuestra vida laboral y personal bajo la falsa promesa de que eso nos acerca a los demás. Sin embargo, si echamos la vista atrás y leemos con calma a los pensadores que diseccionaron las estructuras del pensamiento contemporáneo, descubrimos que este ruido ensordecedor tiene muy poco que ver con el verdadero arte de decir algo valioso.

Hace ya varias décadas, el pensador francés advirtió de una disfunción fundamental en nuestras sociedades hiperconectadas que hoy resulta más evidente que nunca. En su célebre texto sobre las sociedades de control y los actos de resistencia, dejó una frase que desmonta por completo el mantra contemporáneo de que comunicarse más equivale a avanzar culturalmente. Entender esta distinción se ha vuelto vital para sobrevivir mentalmente a la fatiga digital de este año 2026, donde cada notificación del móvil nos reclama una respuesta inmediata.

El acto de creación no transige con la voluntad de comunicar; en fondo y en forma, es lo contrario a la comunicación.

Eman Genatilan

Cuando la tiranía de las notificaciones y los grupos de WhatsApp anulan cualquier pausa para pensar de verdad

¿Qué significa exactamente separar la creación de la comunicación en nuestro día a día? Si lo pensamos bien, la comunicación comercial o informativa busca transmitir una información ya codificada, un paquete de datos que debe ser comprendido sin ambigüedades para generar una reacción inmediata. Es el equivalente al flujo continuo de memes, audios interminables de WhatsApp y correos electrónicos fuera de horario que colonizan nuestras jornadas de trabajo. Nos mandan un mensaje y exigimos inmediatez; respondemos mecánicamente para cerrar el expediente y seguir con la siguiente tarea de la lista.

En cambio, crear —ya sea escribir una novela, levantar un proyecto artístico, estructurar una idea compleja o simplemente reflexionar sobre qué queremos hacer con nuestra propia existencia— requiere resistencia, lentitud y, sobre todo, silencio. El acto creativo necesita un espacio de opacidad donde el ruido exterior no pueda penetrar. Cuando intentamos que todo lo que hacemos sea instantáneamente comunicable, lo despojamos de su misterio y de su capacidad genuina de transformación. Nos convertimos en meros repetidores de consignas que otros han diseñado previamente para nosotros.

Por eso, recuperar un ápice de lucidez en medio del colapso informativo actual pasa necesariamente por aprender el valor de callar. No todo lo que pensamos debe ser compartido en formato de píldora rápida para obtener la aprobación ajena en forma de ‘me gusta’. La verdadera resistencia intelectual hoy en día consiste en reivindicar el derecho a no ser entendidos a la primera, a cultivar proyectos oscuros, lentos y personales que no busquen el aplauso masivo de la audiencia digital.

Quizá la próxima vez que sintamos la ansiedad de tener que contestar a todo de manera inmediata, o la urgencia absurda de documentar cada instante de nuestra rutina en internet, deberíamos recordar estas palabras. Dejar de comunicar durante unas horas no es un aislamiento antisocial, sino el primer paso indispensable para empezar a crear algo que realmente merezca la pena.