Filosofía

‘JOMO’ sube cinco puestos: Juan Evaristo Valls Boix propone disfrutar de lo que dejamos pasar

El ensayo de 136 páginas pasa del puesto 17 al 12 en la lista de no ficción publicada hoy por El Cultural. Su idea central cambia el miedo a perderse experiencias por la posibilidad de elegir a cuáles no queremos acudir.

JOMO. El gusto de perder, de Juan Evaristo Valls Boix, pasa del puesto 17 al 12 en la clasificación de no ficción publicada por El Cultural este 30 de octubre, con fuente Todostuslibros.com. El ensayo de Anagrama propone entender la renuncia a ciertos planes y exigencias como una posibilidad de libertad, no automáticamente como una derrota. La cuestión que abre es sencilla y difícil a la vez: si nuestra atención y nuestro tiempo tienen límites, elegir una vida también implica aceptar todas las experiencias que esa elección deja fuera.

Qué significa JOMO y en qué se diferencia del FOMO

JOMO significa la alegría de perderse cosas, en contraste con el FOMO, el miedo a quedarse fuera de experiencias que otros parecen estar disfrutando. La presentación de Anagrama utiliza esa oposición para plantear una reorientación del deseo. No se trata de convertir cada negativa en una virtud ni de suponer que cualquier invitación es una carga. El cambio consiste en dejar de interpretar la ausencia como una pérdida inevitable y preguntarse si aquello a lo que renunciamos era realmente algo que deseábamos.

El libro de Juan Evaristo Valls Boix tiene 136 páginas y se publicó el 6 de mayo de 2026 en la colección Nuevos cuadernos Anagrama. La actualidad de esta semana llega por su avance en la clasificación, donde acumula veinte semanas. Ese recorrido permite hablar de continuidad en esa lista concreta, no de una novedad editorial recién llegada. La distinción también resulta coherente con el asunto del ensayo: una idea puede mantener interés sin necesitar presentarse cada día como una revelación completamente nueva.

La oposición entre FOMO y JOMO sirve para observar una escena habitual: aceptar un plan que no apetece por temor a arrepentirse después. El problema no está necesariamente en la actividad, sino en la comparación con una experiencia imaginada. Podemos anticipar que los demás vivirán algo extraordinario mientras nosotros quedamos al margen. Esa expectativa convierte la elección en una competición contra todas las posibilidades disponibles. Ninguna tarde real puede ganar fácilmente a la suma de las mejores tardes que somos capaces de imaginar.

La propuesta de Anagrama distingue la renuncia de la resignación. Renunciar puede ser una decisión orientada hacia algo que valoramos; resignarse suele implicar aceptar como inevitable aquello que no hemos podido cambiar. La diferencia no depende solo de quedarse en casa o salir. Una persona puede cancelar un plan para dedicar atención a una amistad, leer sin prisa o simplemente no organizar el siguiente tramo de su jornada. Lo importante es qué relación mantiene esa decisión con su deseo, no su apariencia exterior.

Por qué perderse un plan no equivale a perder una vida mejor

Perderse un plan no equivale a perder una vida mejor porque ninguna experiencia garantiza por sí sola plenitud, pertenencia o satisfacción. La idea del JOMO invita a examinar esa promesa antes de obedecerla. Un calendario lleno puede contener encuentros valiosos, pero también compromisos aceptados por inercia. Del mismo modo, una tarde sin acontecimientos puede ser una elección deseada o una situación incómoda. La filosofía resulta útil cuando evita convertir cualquiera de esas imágenes en una receta válida para todo el mundo.

El ensayo de Valls Boix permite cuestionar la costumbre de medir el tiempo libre con criterios de rendimiento. Leer más, visitar más lugares o completar más actividades puede ser agradable, pero también puede transformar el descanso en otra lista de tareas. La contradicción aparece cuando la supuesta desconexión exige una vigilancia constante sobre si estamos aprovechándola bien. En ese punto, el ocio deja de abrir un margen y empieza a parecerse a una evaluación que nunca termina de concedernos una nota suficiente.

Pensar el gusto de perder no obliga a despreciar la ambición, los vínculos ni la curiosidad. Puede significar reconocer que no todas las oportunidades merecen convertirse en obligaciones. El deseo necesita espacio para distinguirse del impulso de no quedar atrás. Una pregunta concreta ayuda a ordenar esa diferencia: si nadie pudiera enterarse de que hemos hecho algo, seguiríamos queriendo hacerlo. La respuesta no resuelve todas las decisiones, pero puede mostrar cuánto pesa la comparación en actividades que presentamos como preferencias personales.

El ascenso de JOMO. El gusto de perder al puesto 12 de no ficción devuelve actualidad a una reflexión sobre límites, atención y tranquilidad. El dato pertenece a la lista de El Cultural y no describe por sí solo un cambio general en los hábitos de la sociedad. La idea del libro, sin embargo, ofrece una conversación posible para cualquier agenda saturada: quizá elegir mejor no consista en añadir una experiencia, sino en dejar de exigirnos todas. ¿Qué plan has rechazado alguna vez y después has agradecido haberte perdido?

Lucía Prats

Lucía es la firma de PlotTwist para la actualidad de cine y series: estrenos, cancelaciones, taquilla y todo lo que se mueve en las plataformas.

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