Filosofía

Søren Kierkegaard y ‘Todo a la vez en todas partes’: ‘La angustia es el vértigo de la libertad’ cuando elegir significa renunciar

Tener muchas vidas posibles no siempre nos hace más libres: también puede hacer más difícil habitar la única vida que finalmente elegimos. En <em>Todo a la vez en todas partes</em>, Søren Kierkegaard encuentra una inesperada traducción cinematográfica de una de sus intuiciones más poderosas sobre la libertad.

«La angustia es el vértigo de la libertad». La célebre formulación de Søren Kierkegaard procede de El concepto de la angustia y condensa una paradoja que parece escrita para nuestro presente: podemos sentir angustia no porque carezcamos de posibilidades, sino precisamente porque existen demasiadas. La formulación inglesa acreditada aparece como «Anxiety is the dizziness of freedom».

Todo a la vez en todas partes, de Daniel Kwan y Daniel Scheinert, convierte esa sensación en una extravagante maquinaria narrativa. Evelyn Wang dirige una lavandería con su marido, Waymond, se enfrenta a una inspección fiscal, mantiene una relación problemática con su hija Joy y descubre repentinamente que existen incontables universos en los que ha recorrido caminos diferentes. En algunos posee habilidades extraordinarias; en otros, su vida parece materializar precisamente aquello a lo que renunció.

Antes de que aparezca el multiverso, Evelyn ya vive desbordada. Facturas, conflictos familiares, matrimonio y expectativas incumplidas llenan un presente que apenas parece dejarle espacio. La ciencia ficción lleva ese conflicto íntimo hasta sus últimas consecuencias: ya no tiene que imaginar qué habría sucedido si hubiese elegido de otra manera, porque puede contemplarlo.

Cómo puede la libertad convertirse en angustia

Para Kierkegaard, la angustia no equivale simplemente al miedo. La angustia está vinculada a la posibilidad y a la libertad, a la conciencia de que podemos actuar y de que esa capacidad abre caminos diferentes. En El concepto de la angustia, la posibilidad no llega acompañada de una garantía de que vayamos a escoger correctamente.

Por eso el vértigo funciona como una imagen tan poderosa. La libertad no significa tener delante una carretera completamente señalizada. Significa descubrir una bifurcación y comprender que la decisión será nuestra aunque sus consecuencias todavía resulten inciertas.

En Todo a la vez en todas partes, Evelyn contempla una cantidad casi infinita de caminos que podría haber recorrido. Uno de ellos resulta particularmente doloroso: una versión de ella misma siguió una trayectoria muy diferente y acabó convertida en estrella cinematográfica. El multiverso convierte así el arrepentimiento cotidiano en una realidad visible.

La tentación es evidente. Si otra existencia parece mejor, quizá la actual fue un error. Pero hay una trampa en ese razonamiento: nadie puede vivir simultáneamente todas sus posibilidades. Escoger un trabajo impide ocupar al mismo tiempo otros empleos. Permanecer en una ciudad significa no estar viviendo en muchas otras. Continuar una relación cierra determinadas alternativas y abre otras.

Qué ocurre cuando aceptamos la vida que sí hemos elegido

El movimiento decisivo de la película no consiste en localizar un universo perfecto. Evelyn tiene acceso a innumerables posibilidades, pero ninguna elimina por sí sola el problema de cómo relacionarse con los demás y consigo misma.

La amenaza de Jobu Tupaki, vinculada con Joy, lleva la multiplicación de posibilidades hacia una consecuencia nihilista: si todo puede ocurrir en algún lugar, nada parecería tener verdadera importancia. La película termina desplazándose en la dirección opuesta. La relación entre Evelyn y Joy, y la insistencia de Waymond en afrontar el conflicto de otra manera, devuelven valor a los vínculos concretos.

Ahí encuentra Kierkegaard un compañero cinematográfico sorprendente. La libertad deja de ser únicamente la capacidad de conservar abiertas infinitas puertas. También consiste en escoger una y asumir que hacerlo cambia nuestra existencia.

Nuestra cultura tiende a presentar las opciones como un bien ilimitado. Queremos catálogos infinitos, posibilidades profesionales constantes, decenas de potenciales relaciones y la sensación de que siempre podremos empezar otra vida. Sin embargo, una posibilidad que nunca se convierte en elección termina siendo solamente eso: posibilidad.

La película necesita construir un multiverso gigantesco para regresar finalmente a una familia, una lavandería y unos problemas cotidianos. Lo extraordinario no elimina la necesidad de comprometerse con lo ordinario. Quizá por eso la angustia que describía Kierkegaard continúa resultando reconocible casi dos siglos después. El vértigo no demuestra que la libertad sea un error. Demuestra que la libertad pesa. ¿Si pudieras contemplar todas las vidas que no elegiste, te ayudarían a valorar la tuya o te impedirían vivirla?

Ana Ferrer

Ana es la firma de PlotTwist para la crítica cultural: reseñas de libros y críticas de cine de autor, siempre con un ojo puesto en lo que la obra dice del momento que vivimos.

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