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El sonido exacto de la bestia: cómo se construyó el rugido de ‘Jurassic Park’

Steven Spielberg necesitaba que un animal extinto rugiera con credibilidad absoluta. La solución dependió de un elefante bebé que emitió un sonido único.

El sonido exacto de la bestia: cómo se construyó el rugido de 'Jurassic Park'

El cine moderno depende tanto de lo que oye como de lo que ve. Cuando Steven Spielberg rodó ‘Jurassic Park’ en 1993, el mayor desafío no consistía únicamente en hacer creíbles los efectos visuales generados por ordenador. El diseñador de sonido Gary Rydstrom afrontó el reto mayúsculo de dotar de voz a criaturas desaparecidas hace sesenta y cinco millones de años.

Un rugido hecho de piezas prestadas

La ausencia de referentes reales obligó al equipo técnico a experimentar con grabaciones de la fauna actual. Para construir el icónico rugido del tiranosaurio rex, Rydstrom mezcló tres capas sonoras distintas. El resultado final combinó el gruñido grave de un tigre, el retumbar profundo de un caimán y un elemento agudo muy concreto.

Ese componente principal procedía de un elefante bebé cuya contribución fue puramente irrepetible. Según explicó el propio diseñador de sonido en una entrevista concedida a la NPR, el animal emitió aquel grito agudo una sola vez. Ni siquiera sus cuidadores lo habían escuchado antes ni consiguieron que lo repitiera jamás.

La animatrónica del T-Rex de la atracción de Jurassic Park

Aquella única toma quedó grabada para siempre en la historia de la industria audiovisual. Esa mezcla de tigre, aligátor y elefante bebé se integró en todos los rugidos del temible dinosaurio de la película original. La artesanía acústica le valió a Rydstrom un merecido premio Óscar al mejor sonido, compartido con sus compañeros de Skywalker Sound.

Los velocirraptores no sonaban a dinosaurio, sonaban a todo lo demás

La creación sonora de los velocirraptores exigió un proceso igualmente inventivo y físico. Rydstrom combinó el graznido de una grulla africana con el particular chasquido que emiten las tortugas para comunicarse. A esto sumó sonidos guturales que su amigo Dietrich Smith grababa utilizando únicamente su propia garganta.

Treinta años después, esa mezcla de tigre, caimán y un elefante que nunca volvió a repetir su propio grito sigue siendo el sonido que cualquier espectador asocia con un tiranosaurio, aunque nadie llegará a saber jamás qué timbre tenía de verdad uno real.