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Crítica de «Ejército de los muertos»: Callaos y matad zombies

Un insufrible guion y unos tediosos diálogos manchan lo que podría haber sido una entretenida y bizarra sangría con el ding ding de las tragaperras de fondo

Tenía una amigo en la adolescencia obsesionado, hasta el punto de molestarse de forma personal, con que incluyeran en cierto restaurante de comida rápida productos saludables tales como las ensaladas o fruta. No sé mucho de lo que es ahora de él, pero seguramente, si mantiene esa misma actitud vital, probablemente le haya ocurrido algo similar con esta película, en la que prácticamente ninguna línea de diálogo debería quedar en pie en favor de la bizarra sangría que con la que se intercala.

Después de todo el revuelo montado alrededor de su montaje de La Liga de la Justicia, Zack Snyder parece haberse ganado el derecho a poder dar su propio nombre a aquellos que estrene. Más si cabe si esta gira en torno a un tema donde ya revolucionó el género en 2004, con El amanecer de los muertos. En esta ocasión, ha sido incluso capaz de adornar la presentación de un proyecto tan sonoro: La película de Netflix sobre zombies en Las Vegas (de Zack Snyder). Aunque difícilmente salga en casi ninguna crítica de El ejército de los muertos salga bien parado.

A pesar de esta fuerte apuesta, apenas nada funciona durante las dos horas y media de metraje en los que, para empezar, y como si de un castigo se tratara, los espectadores deben aguantar exactamente cincuenta y un minutos de sinsentido antes de llegar a la tierra zombificada prometida. En ellos, un David Bautista, otrora luchador de pressing catch, aguanta estoico una soporífera recolección de personajes al estilo Ocean´s eleven. Tiempo en el que el exluchador pone continua cara de tener que hacer ímprobos esfuerzos de autodisciplina para no liarse a guantazos con quien sea de forma inmediata mientras que grita que a él le han contratado en esta película para matar, no para hablar.

El resto de personajes tampoco es que estén a la altura en ningún momento, con un juego de estereotipos que se queda a medio camino entre querer ser serios y decir abiertamente que todo es una divertida excusa para ver un tigre zombie. La interpretación de los actores, al menos, está a la par, siendo digna de un grupo de universitarios que se han ofrecido para el proyecto de los de la carrera de Audiovisuales.

Eso sí, si eres un buen amante de la sangre y las vísceras, disfrutarás por momentos con las divertidas escenas de zombies reventándose en secuencias grotescamente agradables en cuanto a lo visual. Seres que se muestran, parece que por añadir un toque de originalidad al género, más atléticos, inteligentes y gregarios de lo normal, con un líder que recuerda a cierto orco de la Edad Media.