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El guion que Sylvester Stallone escribió en tres días y medio y por el que rechazó 360.000 dólares para poder protagonizarlo él mismo

En marzo de 1975, un actor prácticamente desconocido con 106 dólares en el banco vio en un cine de Los Ángeles, por…

Sylvester Stallone (Gage Skidmore, CC BY-SA 2.0)

En marzo de 1975, un actor prácticamente desconocido con 106 dólares en el banco vio en un cine de Los Ángeles, por circuito cerrado, el combate entre Muhammad Ali y el aspirante Chuck Wepner, un boxeador amateur que llegó a tumbar a Ali y aguantó en pie hasta el asalto quince. Aquella noche, Sylvester Stallone se sentó a escribir. En apenas tres días y medio tenía terminado el primer borrador de ‘Rocky’. Lo que vino después es una de las apuestas más arriesgadas —y con mejor final— de la historia de Hollywood.

Un guion que nadie quería con él dentro

United Artists quiso comprar el guion casi de inmediato, pero con una condición que Stallone no estaba dispuesto a aceptar: que otro actor, con más tirón comercial, se pusiera en la piel de Rocky Balboa. Los productores manejaban nombres como Ryan O’Neal o Burt Reynolds y llegaron a ofrecerle hasta 360.000 dólares por quedarse solo con la historia y dejarle fuera del reparto. Para un actor sin apenas ahorros, era una cantidad que podía cambiarle la vida de la noche a la mañana. Stallone dijo que no.

Vender al perro para llegar a fin de mes

La negativa tuvo un coste real e inmediato. Mientras las negociaciones se alargaban, Stallone llegó a no tener dinero ni para alimentar a su propio perro, un bull mastín llamado Butkus, y se vio obligado a venderlo por una cantidad simbólica. Cuando por fin empezó a cobrar por la película, lo primero que hizo fue localizar a los nuevos dueños y recomprarlo. Esa escena real, la de un hombre recuperando a su perro con el dinero que acababa de ganar interpretando a un boxeador que se juega su última oportunidad, resume mejor que cualquier discurso de qué iba realmente la apuesta de Stallone.

Un millón de dólares y ningún favorito

United Artists acabó cediendo, aunque con un presupuesto ajustado: un millón de dólares para toda la producción, una cifra modesta incluso para 1976. Nadie en el estudio esperaba un éxito arrollador; Rocky Balboa era, en el papel, la historia de un perdedor sin nada especial que lo distinguiera de otros mil guiones similares que circulaban por Hollywood en aquellos años.

El resultado: la película más taquillera de 1976

‘Rocky’ se estrenó ese mismo año y recaudó más de 200 millones de dólares en todo el mundo, más de doscientas veces su presupuesto, convirtiéndose en la película más taquillera de 1976 y ganando el Oscar a la Mejor Película. La historia de cómo se escribió y se vendió el guion es hoy tan conocida en la industria como la propia película, y sigue citándose como ejemplo de que, a veces, la decisión más arriesgada —quedarte con lo que has creado en vez de vender los derechos al mejor postor— es también la más rentable a largo plazo. Casi cincuenta años después, la propia gestación del guion sigue dando material de sobra: este 2026 llega a los cines ‘I Play Rocky’, un biopic centrado precisamente en esos meses de apuestas, deudas y un perro empeñado que convirtieron a un actor sin blanca en una de las mayores historias de éxito de Hollywood.