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El mito del doble muerto en la carrera de cuadrigas de ‘Ben-Hur’ que ni Charlton Heston pudo acallar del todo

Durante décadas se ha repetido que un especialista murió rodando la legendaria carrera de cuadrigas de 1959. La verdad, documentada por los propios seguros de la productora y desmentida por el propio Heston, es distinta — aunque no menos peligrosa.

El mito del doble muerto en la carrera de cuadrigas de 'Ben-Hur' que ni Charlton Heston pudo acallar del todo

Metro-Goldwyn-Mayer, dominio público / Wikimedia Commons

Pocas escenas en la historia del cine han generado tantas leyendas como la carrera de cuadrigas de ‘Ben-Hur‘ (William Wyler, 1959). Apenas nueve minutos de metraje que, durante décadas, han venido acompañados de un rumor macabro: que un especialista murió durante el rodaje, aplastado bajo las ruedas de una cuadriga. Es una de esas historias que se repiten tanto que terminan pareciendo hechos, pero la realidad documentada es distinta.

El mito que lleva décadas repitiéndose

La leyenda cuenta, con distintas variantes según quién la repita, que uno de los dobles que participó en la carrera murió en el set, y que la productora ocultó el incidente o llegó a algún tipo de acuerdo económico con su familia. Es una historia que ha circulado en libros de anécdotas de Hollywood desde los años sesenta y setenta, casi siempre sin citar ninguna fuente primaria. El propio Charlton Heston, protagonista de la película, se vio obligado a desmentirlo explícitamente en su autobiografía ‘In the Arena’ (1995), y los archivos de seguros de la Metro-Goldwyn-Mayer —que cubrían cualquier incidente en el rodaje— no registran ninguna muerte relacionada con la secuencia, ni tampoco ninguna demanda o indemnización por ese motivo.

Lo que realmente pasó: la caída de Joe Canutt

Lo que sí ocurrió, y probablemente el origen real del mito, fue un accidente serio pero no mortal. Joe Canutt, hijo del legendario coordinador de especialistas Yakima Canutt y doble de Heston para los planos más peligrosos, salió despedido de su cuadriga después de que esta chocara contra los restos de otro carro durante la carrera. Su padre le había advertido expresamente de no agarrarse a la barra frontal del vehículo en caso de sacudida brusca — Joe lo hizo de todos modos, y el impulso lo lanzó por encima del carro. El golpe le abrió una brecha en la barbilla, nada más grave. Pero la cámara, filmando desde cierta distancia y entre la nube de polvo levantada por decenas de caballos, captó una caída que parecía mucho más grave de lo que fue en realidad — y ese fragmento de metraje, tan aparatoso visualmente, es el que terminó usándose en la película final y el que probablemente alimentó el rumor durante décadas.

Un decorado y una escena a la altura de la leyenda

Que el mito prendiera con tanta fuerza tiene sentido si se tiene en cuenta la escala real de lo que se rodó. El equipo de producción construyó una réplica del Circo Máximo romano en los estudios de Cinecittà, en Roma: un decorado de unas 18 hectáreas, con una pista de aproximadamente 600 metros de largo, que empleó a más de mil trabajadores durante casi un año de construcción. Para llenar las gradas se contrataron unos 7.000 extras. La secuencia de la carrera en sí se rodó durante cinco semanas repartidas en un periodo de tres meses, y su coste —las cifras varían algo según la fuente consultada, entre 1 y 4 millones de dólares— llegó a representar hasta una cuarta parte del presupuesto total de la película, en una época en la que este tipo de gasto en una sola escena era prácticamente inaudito.

MGM, dominio público, Wikimedia Commons

Heston, que llegó a Roma sin experiencia previa conduciendo cuadrigas, recibió clases diarias de tres horas nada más aterrizar; como jinete experimentado que ya era, aprendió con rapidez suficiente para rodar buena parte de los planos más cercanos él mismo, dejando los momentos de mayor riesgo físico a Canutt.

Que una secuencia de apenas nueve minutos en pantalla necesitara cinco semanas de rodaje da una idea de la complejidad real detrás de la escena: sin efectos digitales de ningún tipo, cada toma dependía de coordinar decenas de caballos reales, varias cuadrigas a la vez y múltiples cámaras colocadas en distintos ángulos alrededor de la pista, repitiendo una y otra vez tramos concretos de la carrera hasta conseguir el material que después se montaría junto al resto. Esa misma distancia entre lo que ocurría realmente frente a la cámara y lo que terminaba viéndose en la pantalla —planos generales, polvo, decenas de figuras moviéndose a toda velocidad— es exactamente el tipo de terreno en el que este tipo de leyendas suelen prender con más facilidad: cuanto más espectacular y menos nítido es lo que se ve, más fácil resulta que la imaginación del espectador rellene los huecos con la peor de las explicaciones posibles.

Los otros récords de ‘Ben-Hur’

Más allá de la carrera de cuadrigas, ‘Ben-Hur’ —adaptación de la novela homónima de Lew Wallace publicada en 1880— se convirtió en un fenómeno por derecho propio: recaudó unos 147 millones de dólares en todo el mundo, la segunda cifra más alta de su época solo por detrás de ‘Lo que el viento se llevó’, y arrasó en los Oscar con 11 estatuillas, un récord que durante décadas solo igualaron ‘Titanic’ (1997) y ‘El Señor de los Anillos: El retorno del Rey’ (2003). Casi setenta años después, la carrera de cuadrigas sigue citándose como una de las secuencias de acción más ambiciosas jamás rodadas sin ayuda de efectos digitales — con o sin la leyenda de la muerte que nunca ocurrió.