Un plano secuencia de dieciocho minutos en un restaurante arranca ‘El ser querido’ con una tensión insostenible. Rodrigo Sorogoyen vuelve a demostrar su dominio absoluto de la puesta en escena tras ‘As bestas’.
Esteban, un director de éxito en Hollywood interpretado por Javier Bardem, se reencuentra con su hija Emilia, encarnada por Victoria Luengo. Llevan trece años sin verse desde que él abandonó el hogar familiar por su ambición profesional. El padre le propone protagonizar su siguiente proyecto en el Sáhara, un rodaje que sirve como trampa emocional para ambos.
Lo que funciona: Bardem, Luengo y el peso de las miradas
El mayor acierto de la cinta reside en su reparto principal y en cómo filman los silencios. Bardem construye un personaje contenido con una amenaza latente muy real, mientras que Luengo transmite todo el conflicto interno únicamente a través de la mirada, un trabajo interpretativo sobresaliente.
La película también brilla al diseccionar la masculinidad tóxica y el autoritarismo enquistado en la industria cinematográfica. Ese retrato de las dinámicas de un rodaje resulta tan auténtico como incómodo para cualquier espectador que conozca las cloacas del sector.
Lo que no: una ambición formal que se le va de las manos
Sin embargo, la propuesta se tropieza con sus propias ambiciones formales en el tramo central. La experimentación con el blanco y negro y los cambios constantes de formato de imagen llegan a resultar excesivos e innecesarios para la progresión dramática.
A esto se suma que la película dentro de la película se queda en una mera excusa logística, y que el tramo final carece de la claridad necesaria tras la secuencia más potente del metraje. No todo el riesgo creativo de Sorogoyen cuaja con la misma solidez.
Esta obra se dirige especialmente al espectador que disfrute del cine de combustión lenta y de los dramas familiares sin redenciones fáciles. No es una película cómoda ni complaciente con el público.
Una obra imperfecta pero fascinante que confirma el pulso de su director. Sorogoyen arriesga más que nunca aunque en el camino pierda parte de la precisión quirúrgica de sus trabajos anteriores.
