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El villano de ‘Ventana indiscreta’ que Hitchcock diseñó como venganza personal contra un productor

Alfred Hitchcock construyó el set interior más grande jamás levantado en los estudios Paramount para rodar 'Ventana indiscreta'. Pero el detalle que casi nadie nota a simple vista es que el rostro del asesino fue un ajuste de cuentas personal, disfrazado de casting.

El villano de 'Ventana indiscreta' que Hitchcock diseñó como venganza personal contra un productor

James Stewart y Grace Kelly en 'Ventana indiscreta'

‘Ventana indiscreta’ (1954) es, sobre el papel, una lección de cine de cámara fija: casi toda la película ocurre desde la perspectiva de un fotógrafo con la pierna escayolada (James Stewart) que observa a sus vecinos desde la ventana de su apartamento. Para conseguir esa sensación de vecindario real y habitado, Alfred Hitchcock no se limitó a un decorado convencional: construyó, literalmente, el edificio entero.

El set más grande jamás levantado en Paramount

El escenario ocupaba el Stage 18 de los estudios Paramount, con unas dimensiones que rondaban los 56 metros de largo, 30 de ancho y 12 de alto. Era tan grande que no cabía en ninguna instalación normal del estudio: Hitchcock hizo excavar el suelo de la nave hasta llegar por debajo del nivel del sótano, tan profundo que el equipo llegó a topar con la capa freática. El resultado fueron 31 apartamentos distintos alrededor de un patio interior de unos 21 metros de ancho, varios de ellos completamente amueblados y con fontanería y electricidad reales, para que los actores de fondo pudieran cocinar, ducharse o encender la radio sin necesidad de trucos de cámara. El decorado se llevó, por sí solo, alrededor de una cuarta parte del presupuesto total de la película.

La inspiración arquitectónica no era aleatoria: el equipo tomó como referencia los bloques de ladrillo del Greenwich Village neoyorquino, con el edificio del número 125 de Christopher Street como una de las referencias favoritas de Hitchcock para dar al patio la textura de un vecindario real y no de un plató.

Un villano con la cara de su propio enemigo

Pero el detalle más curioso de la película no está en la escenografía, sino en el reparto. El vecino sospechoso de asesinar a su mujer, Lars Thorwald, interpretado por Raymond Burr, no fue maquillado ni vestido al azar. Hitchcock llevaba años enfrentado con el productor David O. Selznick, con quien había trabajado en varias películas de los años 40 hasta que la relación terminó de romperse tras ‘El proceso Paradine’ (1947): Hitchcock consideraba que Selznick se entrometía demasiado en su trabajo como director.

Stewart, Kelly y Hitchcock en el set del patio interior

Cuando llegó el momento de dar forma al villano de ‘Ventana indiscreta’, Hitchcock aprovechó la ocasión para ajustar cuentas de un modo muy suyo: le dio a Raymond Burr gafas idénticas a las de Selznick, el mismo pelo canoso y rizado, y le hizo ensayar su forma de sujetarse el teléfono contra el cuello y su manera concreta de moverse y quedarse de pie. El resultado es que, durante el rodaje, el asesino de la película llegó a ser un calco físico y gestual del propio Selznick, para disgusto seguro del productor si llegó a reconocerse en la pantalla.

Una broma privada que ha sobrevivido setenta años

Es el tipo de detalle que pasa completamente desapercibido para cualquier espectador que no conozca la historia previa entre ambos: nada en el guion ni en la trama depende de ello, y la película funciona exactamente igual sin saberlo. Pero una vez que se conoce, resulta difícil no verlo: cada gesto de Burr al teléfono, cada plano de sus gafas redondas, se convierte en una pequeña venganza de Hitchcock convertida en fotograma, escondida a la vista de todos durante décadas.

‘Ventana indiscreta’ se estrenó finalmente aquel mismo 1954 y se convirtió en una de las películas más analizadas de la carrera de Hitchcock, además de todo un ejercicio técnico sobre el punto de vista y la mirada del espectador como voyeur. Que, además de todo eso, escondiera una pulla personal contra uno de los productores más poderosos de Hollywood de la época es solo una prueba más de que Hitchcock nunca dejaba nada al azar, ni siquiera sus rencores.