Hay escenas de terror que asustan por lo que el espectador ve en pantalla, y otras que, con el tiempo, asustan todavía más por lo que pasó realmente detrás de las cámaras. La secuencia final de ‘Poltergeist’ (1982), en la que el personaje de JoBeth Williams cae a una piscina en obras llena de barro, lluvia y cadáveres que emergen del fondo, pertenece a la segunda categoría: los esqueletos que rodean a la actriz en esa escena no eran de plástico ni de goma. Eran restos humanos reales.
Una actriz que no sabía con qué estaba nadando
Durante el rodaje, nadie informó a Williams de que los huesos que flotarían junto a ella eran auténticos. La actriz asumió, como haría cualquiera, que se trataba de attrezzo fabricado en plástico o goma, el material habitual para este tipo de efectos en cualquier producción de Hollywood. No fue hasta 2008, en una entrevista para TV Land, cuando salió a la luz la verdad — y no gracias a la propia producción, sino por una conversación casual con un antiguo miembro del equipo de efectos especiales. «Descubrí, igual que todo el equipo, que estaban usando esqueletos reales, porque era demasiado caro fabricar esqueletos falsos de goma», explicó Williams. «Yo había asumido que eran esqueletos de attrezzo hechos de plástico o goma».
El otro miedo de Williams: la electrocución, no los huesos
Curiosamente, lo que de verdad preocupaba a Williams antes de rodar la escena no eran los restos que flotarían a su alrededor —de cuya autenticidad no tenía ni idea—, sino el riesgo real de electrocutarse: la piscina estaba rodeada de cableado y equipo eléctrico del propio rodaje, y la actriz se resistía a meterse en el agua por miedo a un accidente. Según se ha contado en varias retrospectivas del rodaje, fue el propio Steven Spielberg, guionista y productor de la película, quien la convenció saltando él mismo al agua delante de ella con una broma que se ha repetido durante años: «Bueno, si cae una luz dentro, nos freiremos los dos». Williams accedió a meterse en la piscina confiando en ese gesto, sin sospechar que el verdadero motivo de inquietud —los huesos reales— era el que nadie le había contado.
Por qué salía más barato lo real que lo falso
La explicación, aunque suene macabra, tiene una lógica puramente económica propia de la industria del cine de principios de los 80. Fabricar esqueletos realistas de látex o goma en 1982 era un proceso caro y laborioso. Los esqueletos humanos reales, en cambio, eran sorprendentemente accesibles a través de proveedores de material médico especializados en huesos para el estudio de anatomía, muchos de ellos importados desde la India, donde la exportación de restos humanos con fines educativos fue legal y un negocio habitual hasta finales de esa misma década. Comprar huesos reales a esos proveedores resultaba, sencillamente, una fracción del coste de fabricar réplicas desde cero.
Un dato que convive con la sombra de la «maldición»
Esta anécdota concreta —los esqueletos reales de la piscina— está plenamente verificada y documentada por el propio testimonio de Williams. Pero circula habitualmente junto a otra historia mucho más discutida y nunca resuelta del todo: la llamada «maldición de Poltergeist», la idea de que la trilogía estuvo marcada por una serie de tragedias reales entre su reparto. Dominique Dunne, que interpretaba a la hija mayor de la familia, murió en 1982 tras ser agredida por su expareja; Julian Beck falleció en 1985 por un cáncer de estómago; Will Sampson murió en 1987; y Heather O’Rourke, la niña protagonista de las tres películas, falleció en 1988 con solo 12 años por complicaciones médicas. Cuatro muertes en un margen de seis años dentro del mismo reparto alimentaron durante décadas la teoría de una maldición ligada al uso de restos humanos reales en el rodaje — una lectura que los expertos y buena parte de la crítica han descartado como pura coincidencia trágica, pero que la propia industria nunca ha terminado de desmentir del todo en la memoria popular.
Una anécdota que sigue sorprendiendo más de cuatro décadas después
Lo llamativo es que, pese a haberse contado y verificado en numerosas ocasiones desde 2008, la revelación de los esqueletos reales de ‘Poltergeist’ sigue circulando como un descubrimiento sorprendente cada vez que resurge. Es, probablemente, uno de los pocos casos en los que la anécdota de rodaje real resulta más inquietante que la propia escena de terror que el espectador ve en pantalla.
‘Poltergeist’ se rodó en plena era de los efectos prácticos, años antes de que la animación por ordenador empezara a sustituir este tipo de soluciones de attrezzo en el cine de terror y fantástico. Esa misma filosofía de «si se puede conseguir de verdad, mejor que fingirlo» —llevada, en este caso, hasta un extremo que ni el propio equipo terminó de asumir del todo— es parte de lo que ha mantenido viva la reputación de la película como uno de los rodajes más comentados del terror comercial de los 80, más de cuatro décadas después de su estreno.
