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El final de ‘Mal de amores’ en Netflix: la ruptura con Daniel y el significado del salto temporal a 1968

La miniserie mexicana ‘Mal de amores’ llegó completa al catálogo de Netflix el 2 de septiembre de 2026 adaptando la conocida novela…

Fotograma del tráiler oficial de 'Mal de amores' (Netflix)

La miniserie mexicana ‘Mal de amores’ llegó completa al catálogo de Netflix el 2 de septiembre de 2026 adaptando la conocida novela homónima de 1996 galardonada con el Premio Rómulo Gallegos. Dirigida, producida y adaptada por Catalina Aguilar Mastretta, la ficción consta de siete episodios que transcurren en Puebla durante los años previos y el desarrollo de la Revolución Mexicana a partir de 1910. La trama sigue los pasos de Emilia Sauri, interpretada por Renata Vaca, una joven cuyo objetivo principal es ejercer la medicina en un periodo marcado por el sexismo institucional. Alrededor de este conflicto central se articula un triángulo amoroso con Daniel Cuenca, encarnado por Juan Pablo Fuentes, y Antonio Zavalza, al que da vida Ivan Amozurrutia.

Aviso: este artículo desvela por completo el final de la primera temporada de ‘Mal de amores’.

La ruptura definitiva con Daniel Cuenca y el peso de las decisiones unilaterales

Durante los primeros compases de la Revolución, la relación entre Emilia y Daniel se traslada a un campamento en Chihuahua donde ella ejerce de facto como sanitaria sin contar con titulación oficial. Tras contraer matrimonio allí, un atentado casi le cuesta la vida a Daniel, quien decide huir a España de manera unilateral sin consultar a su esposa. Este comportamiento revela una falta de compromiso crónica que choca frontalmente con la independencia que Emilia intenta construir. Harta de que sus opiniones no cuenten en los planes de su pareja, la protagonista toma la determinación de dejarlo y regresar a Puebla. Esta ruptura marca el momento en el que el relato rechaza el sacrificio femenino tradicional en favor de la dignidad personal.

El camino hacia la medicina y la consolidación profesional de la protagonista

De vuelta en Puebla, Emilia retoma el contacto con Antonio Zavalza, un médico formado en Europa que dirige el primer hospital moderno de la ciudad y la invita a trabajar en su centro. La protagonista también viaja a Chicago para formarse junto a un especialista reconocido, enfrentándose al escepticismo de pacientes que desconfían de una mujer sin diploma oficial. Años más tarde, Emilia se presenta al examen oficial de medicina sin haber cursado la carrera formal y aprueba en el primer intento. Esta subtrama se cruza con la enfermedad de su tía Milagros, interpretada por Cassandra Ciangherotti, a quien el propio Zavalza diagnostica un cáncer que se extiende de célula en célula. Aunque la cirugía en Chicago extirpa el tumor principal, la dolencia persiste y obliga a su tía a convivir con la enfermedad de manera crónica.

El último encuentro en Chicago y la elección consciente de Zavalza

Durante el viaje a Estados Unidos motivado por la salud de Milagros, Daniel reaparece en la vida de Emilia tras haber sido avisado probablemente por la propia tía. Ambos comparten una última noche que funciona como una despedida definitiva de aquello que pudo haber sido en otras circunstancias. Pese a la intensidad de este reencuentro, Emilia decide no retomar la relación y regresa a Puebla para quedarse junto a Zavalza. Con este paso, la serie subraya que la protagonista prioriza su vocación profesional, la estabilidad emocional y su propia identidad por encima de la pasión inconstante. La decisión aleja la trama de los finales complacientes habituales en el melodrama histórico para centrarse en la madurez afectiva.

El salto temporal a 1968 y el significado de la última aparición de Daniel

El episodio final traslada la acción hasta 1968 para mostrar a una Emilia anciana y rodeada por su familia en Puebla tras una vida entera dedicada a la medicina junto a Zavalza. En esa secuencia de tono nostálgico y onírico, la protagonista se reencuentra con la visión de un Daniel joven que le asegura: «nunca se ha ido». Esta escena no plantea ningún tipo de arrepentimiento respecto a su elección de juventud, sino que valida la complejidad de la experiencia humana. El recuerdo simboliza que las pasiones de la juventud forman parte del equipaje vital, aunque se haya construido un camino propio basado en la libertad. La ficción cierra así su recorrido con una reflexión sobre la memoria y las alternativas descartadas en la madurez.