Aviso de spoilers: este artículo analiza en profundidad todos los acontecimientos y el trágico desenlace de la cuarta temporada de la antología ‘Monster’, estrenada en Netflix el 17 de septiembre de 2026. La ficción creada por Ryan Murphy e Ian Brennan regresa para diseccionar los crímenes de Fall River bajo una mirada muy particular sobre la violencia y el género. Las licencias creativas del cocreador vuelven a situar la lupa sobre la delgada línea que separa a la sociedad de quienes terminan convirtiéndose en sus mitos oscuros más célebres. El octavo episodio, titulado ‘Carnival’, pone el broche a los ocho capítulos que componen esta tanda centrada en la figura de Lizzie Borden y su posterior repercusión histórica.
La absolución judicial de Lizzie y el distanciamiento familiar
La resolución del caso judicial en la ficción reproduce los hechos de la vida real ocurridos tras el juicio de 1893, donde la protagonista resultó absuelta por falta de pruebas concluyentes. Conviene tener presente que el caso real de los asesinatos de Andrew y Abby Borden sigue oficialmente sin resolver más de un siglo después: la serie sí opta por mostrar a Lizzie como autora material del crimen junto a Maggie, una decisión narrativa y no un hecho histórico confirmado. A pesar de heredar la enorme fortuna de su progenitor, Lizzie Borden queda completamente aislada por la alta sociedad de Massachusetts tras los brutales asesinatos a hachazos de su padre Andrew Borden y su madrastra Abby. Este aislamiento provoca una brecha insalvable con su hermana Emma, quien decide apartarse definitivamente de su lado al no soportar la sombra de la sospecha que sigue persiguiendo a la familia. La protagonista encarnada por Ella Beatty asume esa soledad económica pero socialmente asfixiante, un castigo invisible mucho más demoledor que cualquier condena formal entre rejas. Como señaló la propia actriz en una entrevista concedida a Netflix Tudum, Lizzie representa a la perfección a una criatura de su época marcada por el encierro espiritual, sexual y emocional al que se sometía a las mujeres en el siglo XIX americano.
La reconciliación con Maggie y el compromiso sufragista
Tras la tempestad judicial, el episodio final muestra cómo Lizzie logra recomponer su vida privada al reencontrarse con la exdoncella Bridget ‘Maggie’ Sullivan, interpretada por Vicky Krieps. Ambas retoman el vínculo íntimo que se había gestado en las cocinas de la mansión familiar, cuando la sirvienta introdujo en la mente de la joven los oscuros relatos de la condesa húngara Elizabeth Bathory. Lejos de esconderse en el anonimato, ambas mujeres deciden implicarse de lleno en el naciente movimiento sufragista estadounidense, encontrando en la lucha política un cauce para su frustración acumulada. El relato culmina con ambas viviendo abiertamente juntas, desafiando las estrictas convenciones morales de la época victoriana en una de las licencias más idealizadas del tramo final. Esta convivencia pública contrasta fuertemente con la brutalidad de los crímenes previos, ofreciendo una estampa de emancipación personal construida paradójicamente sobre la sangre y el engaño.
El salto temporal a 1988 y la conexión con Aileen Wuornos
Uno de los elementos más divisivos de la temporada es el arco paralelo introducido a partir del cuarto episodio, que traslada la narración hasta el año 1988 para seguir los pasos de la asesina en serie Aileen Wuornos. Interpretada por Sarah Paulson, la trabajadora sexual aparece alojándose en la antigua casa de los Borden, convertida ya en un bed and breakfast, mientras dibuja un paralelismo con el caso del siglo XIX. Esta estructura busca entablar un diálogo intergeneracional sobre la violencia femenina institucionalizada y la respuesta punitiva de un sistema profundamente patriarcal y hostil. En palabras del propio showrunner Ian Brennan recogidas por Tudum, la antología plantea de manera recurrente si los monstruos nacen o se hacen, defendiendo que figuras como la de Wuornos fueron moldeadas por su entorno. Las críticas especializadas han debatido intensamente sobre esta osada conexión temporal, divididas entre quienes alaban la atmósfera opresiva y quienes rechazan los anacronismos históricos.
Un cierre surrealista con la ejecución de Wuornos
El punto culminante y más comentado del episodio final llega con la ficcionalización de la ejecución en el corredor de la muerte de Aileen Wuornos mediante la pena capital. En sus últimos instantes de vida, la asesina experimenta una visión alucinatoria donde ve a Lizzie y a Maggie haciéndole gestos cómplices para que camine hacia ellas en un plano metafórico. Este cruce puramente surrealista replica en cierta medida el estilo visual y onírico empleado previamente por Ryan Murphy en el cierre de la tercera entrega de la antología dedicada a Ed Gein. Ian Brennan justificó esta decisión creativa afirmando que buscaban otorgarle a Wuornos un desenlace satisfactorio en términos narrativos frente al trágico final real que sufrió. De este modo, la serie se despide consolidando su apuesta por el melodrama criminal efectista, dejando al espectador con un debate abierto sobre la empatía hacia los criminales más repudiados por la historia.
