Hay preguntas que se incrustan en la cultura popular para siempre. «¿Quién mató a Laura Palmer?» es una de ellas, y lleva más de treinta años flotando en el imaginario colectivo gracias a Twin Peaks, la serie que David Lynch y Mark Frost estrenaron en ABC el 8 de abril de 1990 y que cambió para siempre lo que se podía hacer en televisión generalista.
Kyle MacLachlan interpreta al agente del FBI Dale Cooper, enviado a investigar el asesinato de una adolescente en un pequeño pueblo maderero de Washington rodeado de bosques y secretos. El piloto, de dos horas, fue visto por un tercio de toda la audiencia televisiva de su franja — un récord de la temporada para una película hecha para la tele — y cuando pasó a emitirse semanalmente, consiguió los mejores datos de audiencia que la cadena había tenido en años.
El pueblo que existió de verdad
Gran parte del rodaje se hizo en y alrededor de Snoqualmie, una localidad maderera real de Washington, lo que le dio a la serie esa textura de lugar auténtico que tanto contribuyó a su magnetismo. Lynch, que ya había ganado notoriedad con películas como El hombre elefante y Terciopelo azul — esta última también protagonizada por MacLachlan —, trasladó a la televisión su obsesión por lo siniestro escondido bajo la superficie aparentemente normal de la vida de provincias estadounidense.
La primera temporada recibió ocho nominaciones a los Emmy — más que ninguna otra serie ese año — aunque se llevó solo dos estatuillas, entre ellas la de mejor montaje para el episodio piloto. Angelo Badalamenti compuso una banda sonora tan icónica como la propia trama, con ese tema principal de sintetizador y saxofón que basta escuchar tres notas para reconocer. Décadas después, el regreso de la serie en 2017 — con casi todo el reparto original, incluido MacLachlan — demostró que el pueblo de Twin Peaks seguía teniendo historias que contar, y que una nueva generación de espectadores estaba dispuesta a perderse en sus bosques otra vez.
Su influencia es rastreable en prácticamente cualquier serie posterior que se atreva a mezclar tonos: desde el true crime de ficción hasta las comedias de pueblo pequeño con un secreto oscuro escondido debajo, pasando por el propio uso del sueño y lo onírico como herramienta narrativa en televisión. Pocas series han conseguido que un café, un trozo de tarta de cereza y la frase «damn fine coffee» se conviertan en objetos de culto por derecho propio, repetidos durante décadas por fans que ni siquiera habían nacido cuando se emitió el episodio original.
Lo que hace que Twin Peaks siga siendo una referencia obligada no es solo el misterio central, sino la manera en que mezcló géneros que nadie antes había atrevido a combinar en horario de máxima audiencia: culebrón, terror sobrenatural, comedia absurda y drama policial, todo dentro del mismo episodio, sin que nada de eso chirriara.
¿La viste en su momento o la descubriste después gracias al regreso de 2017? ¿Sigues sin tener del todo clara la respuesta a quién mató a Laura Palmer?
