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El sueldo real de Toto en ‘El Mago de Oz’: el perro cobraba más a la semana que la mayoría de los actores humanos de la película

‘El Mago de Oz’ (1939) es una de las películas más queridas de la historia del cine, pero también esconde uno de…

Judy Garland (Dorothy) y Billie Burke (Glinda) en 'El Mago de Oz' (1939), fotograma de promoción en dominio público (PD US no notice)

‘El Mago de Oz’ (1939) es una de las películas más queridas de la historia del cine, pero también esconde uno de los contrastes salariales más llamativos del Hollywood clásico: el perro que interpretó a Toto cobraba, semana a semana, más dinero que buena parte del reparto humano que aparecía a su lado.

Un contrato de 125 dólares a la semana… para el perro

La perra que dio vida a Toto se llamaba en realidad Terry, una Cairn Terrier propiedad del entrenador de Hollywood Carl Spitz, que ya la había dirigido en otras películas y sabía sacarle partido a base de señales silenciales con las manos. Impresionada por su capacidad para hacer sus propias escenas de riesgo, la Metro-Goldwyn-Mayer firmó con Spitz un contrato que le pagaba 125 dólares semanales por los servicios de su perra, según recoge Los Angeles Times.

Menos que el perro: el sueldo real de los Munchkins

Ese sueldo superaba, con diferencia, lo que cobraban muchos de los actores que dieron vida a los habitantes de Munchkinland: en torno a 50 dólares semanales, según la investigación del periodista Stephen Cox recogida en su libro ‘The Munchkins of Oz’ (1996). Ni siquiera Judy Garland, la propia Dorothy y estrella indiscutible de la película, se libró de la desigualdad salarial de la época: cobró 500 dólares semanales durante sus 22 semanas de rodaje, una cifra generosa comparada con la de los Munchkins, pero inferior a la que percibían los actores que interpretaban al Espantapájaros, el Hombre de Hojalata y el León Cobarde.

El accidente que estuvo a punto de costarle la carrera a Terry

El propio rodaje estuvo a punto de terminar de forma trágica para la perra: durante una escena con los guardias Winkie, uno de los actores le pisó accidentalmente una pata, y durante unos instantes el equipo llegó a temer lo peor. Terry se recuperó de una fractura y pasó las siguientes semanas conviviendo con la propia Judy Garland, que se encariñó tanto con ella que, según se ha contado después, llegó a proponerle a Spitz comprársela. El entrenador se negó.

El reconocimiento que llegó, aunque tarde y de forma colectiva

Los actores que interpretaron a los Munchkins, muchos de ellos personas con enanismo a las que apenas se acreditó individualmente en los títulos de crédito, tuvieron que esperar décadas para recibir un reconocimiento público: una única estrella conjunta en el Paseo de la Fama de Hollywood en su honor. Terry, por su parte, aprovechó la fama de su papel para rebautizarse profesionalmente como «Toto» y sumar dieciséis películas a su filmografía, tres de ellas en cartelera al mismo tiempo en el otoño de 1939. Terry no era ninguna novata cuando llegó al plató: ya había trabajado antes con Shirley Temple, y esa experiencia previa fue precisamente lo que convenció a la MGM de que podía asumir un papel tan exigente sin margen de error. Cuando murió en 1945, a los once años, Spitz la enterró en su propia finca de Studio City; años después, la construcción de una autovía acabó con aquella tumba, y no fue hasta 2011 cuando se le dedicó un memorial permanente en el cementerio de Hollywood Forever, el mismo reconocimiento tardío que también tardaron en recibir, a su manera, los Munchkins que cobraron menos que ella.

Las zapatillas rojas originales de la película, expuestas hoy en el Smithsonian