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Javier Marías, escritor: ‘Se habla mucho del peligro de que las máquinas lleguen a pensar como los hombres, pero a mí me preocupa más el peligro de que los hombres lleguen a pensar como las máquinas’

Una profunda reflexión del gran novelista español sobre la urgencia de preservar la complejidad mental frente a la deriva algorítmica de nuestro tiempo.

Javier Marías firmando ejemplares en una feria del libro (foto: Amadalvarez / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0)

En el panorama de la literatura contemporánea en español, pocas voces han diseccionado con tanta agudeza la naturaleza de la conciencia, el pensamiento y la memoria como la de Javier Marías. A través de obras maestras como Corazón tan blanco o su monumental trilogía Tu rostro mañana, el autor madrileño construyó un estilo reconocible al instante, basado en el fluir de la conciencia, el detalle minucioso y la duda constante. Para Marías, escribir no era un ejercicio de certezas, sino una forma de explorar los recovecos más oscuros y paradójicos de la mente humana, esa capacidad tan frágil que poseemos de dudar, dudar y volver a dudar.

En una de sus reflexiones más célebres y lúcidas, que resuena con una fuerza inusitada en el contexto actual, el escritor dejó por escrito una advertencia que hoy parece profética:

Se habla mucho del peligro de que las máquinas lleguen a pensar como los hombres, pero a mí me preocupa más el peligro de que los hombres lleguen a pensar como las máquinas.

Christina Chekhomova

Esta frase, nacida de su escepticismo ante la automatización del juicio y la simplificación de la existencia, trasciende la mera anécdota intelectual para convertirse en un aviso de indudable vigencia para cualquier lector del siglo XXI.

Cuando la vida se convierte en un feed y el cerebro busca la respuesta rápida

Si miramos a nuestro alrededor en este 2026, la advertencia de Javier Marías adquiere una dimensión casi alarmante. Vivimos hiperconectados, rodeados de algoritmos que deciden qué nos gusta, qué compramos y qué opinamos, reduciendo la vasta complejidad de la experiencia humana a una serie de patrones binarios y respuestas automáticas. En nuestro día a día, la inmediatez de las redes sociales y el consumo voraz de píldoras informativas nos empujan peligrosamente hacia esa mentalidad mecánica. Queremos soluciones instantáneas, diagnósticos rápidos y opiniones cerradas a cal y canto, exactamente igual que operaría un sistema informático.

La literatura, y en especial la gran narrativa que defendía Marías, funciona precisamente como el antídoto más eficaz contra esta lobotomía digital. Abrir un libro de ficción exige lentitud, concentración y, sobre todo, la disposición a habitar la ambigüedad, el matiz y la contradicción. Frente a la uniformidad de pensamiento que imponen las pantallas y las tendencias virales, la lectura pausada nos devuelve nuestra humanidad más genuina: nos obliga a ponernos en el lugar del otro, a aceptar que las respuestas complejas rara vez caben en un tuit y a reconocer que el error y la duda son los verdaderos motores del pensamiento crítico.

Al final, proteger nuestra capacidad de pensar de forma imprevisible y profundamente humana es el acto de resistencia más revolucionario que nos queda. Como bien temía el autor, el verdadero riesgo no es que los ordenadores imiten nuestras cabezas, sino que nosotros hayamos renunciado voluntariamente a la maravilla de pensar por cuenta propia.