Hay libros que se recomiendan por costumbre y libros que se recomiendan porque de verdad cambiaron algo en ti. ‘La sombra del viento’ es de los segundos. Lo leí por primera vez sin saber muy bien qué esperar —me lo prestó una amiga con la típica frase de «tienes que leerlo»— y terminé entendiendo, por fin, por qué la gente dice que una novela le cambió la vida.
La historia arranca con Daniel Sempere, un niño de diez años al que su padre, librero de viejo, lleva a un lugar secreto en la Barcelona de la posguerra: El Cementerio de los Libros Olvidados, un laberinto de estanterías donde se guardan los libros que ya nadie recuerda. A Daniel le dejan elegir uno, y elige ‘La sombra del viento’, de un tal Julián Carax. Cuando intenta buscar más obras del mismo autor descubre que alguien lleva años quemando, uno a uno, todos los ejemplares que existen — y que su propio libro podría ser el último que queda en el mundo. A partir de ahí, la novela se convierte en un misterio que mezcla la Barcelona real de los años 40 y 50 con algo que roza lo gótico, sin dejar nunca de sentirse como una historia de amor por los libros en sí mismos.
Lo que hace que esta novela siga funcionando más de veinte años después de su publicación en 2001 no es solo la trama, que engancha desde la primera página, sino la ciudad que construye: una Barcelona de niebla, farolas y calles empedradas que se queda contigo mucho después de cerrar el libro. Carlos Ruiz Zafón, que murió en 2020, escribió ‘La sombra del viento’ como la primera entrega de la saga ‘El Cementerio de los Libros Olvidados’, que completaría con ‘El juego del ángel’, ‘El prisionero del cielo’ y ‘El laberinto de los espíritus’. Pero esta primera parte funciona perfectamente sola, sin necesidad de leer las demás.
Las cifras, para quien necesite algo más que mi palabra: se calcula que ha vendido alrededor de 15 millones de ejemplares en todo el mundo, estuvo más de 40 semanas en la lista de más vendidos del New York Times, y Stephen King —que no reparte elogios así como así— llegó a decir que si alguien pensaba que la auténtica novela gótica había muerto con el siglo XIX, este libro le haría cambiar de opinión. La traducción al inglés, obra de Lucia Graves —hija del poeta Robert Graves—, ayudó a que se convirtiera en un fenómeno también fuera de España.
Si tienes en casa a alguien que dice que «no le gusta leer», o si tú mismo llevas tiempo sin encontrar un libro que te atrape de verdad, esta sigue siendo mi recomendación número uno para reconciliarse con la lectura. ¿Cuál fue el libro que a ti te enganchó para siempre?
