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El golpe de espada que dejó realmente inconsciente a Cary Elwes en ‘La princesa prometida’, y que Rob Reiner decidió dejar en la película

Entre el rodaje de 'La princesa prometida' hay dos incidentes que la mayoría de espectadores nunca sospecharía viendo la película: un golpe de espada real que noqueó a su protagonista, y un dedo del pie roto que este ocultó durante toda una jornada de rodaje para no perder el papel.

El golpe de espada que dejó realmente inconsciente a Cary Elwes en 'La princesa prometida', y que Rob Reiner decidió dejar en la película

Hay películas que esconden, detrás de su tono ligero, un rodaje bastante más accidentado de lo que sugiere el resultado final. ‘La princesa prometida’ (Rob Reiner, 1987), la comedia de aventuras basada en la novela de William Goldman, es uno de esos casos: dos de sus escenas más recordadas contienen algo que ni el guion ni el reparto planearon, y que el propio Cary Elwes —Westley, el protagonista— tardó años en contar con todo detalle, primero en entrevistas sueltas y después en su libro de memorias ‘As You Wish: Inconceivable Tales from the Making of The Princess Bride’ (2014).

El golpe que sí estaba en el guion, pero no así de fuerte

En la escena en la que el Hombre de los Seis Dedos, el conde Rugen (interpretado por Christopher Guest), golpea a Westley con la empuñadura de la espada para dejarlo inconsciente antes de llevárselo al Pozo de la Desesperación, el plan era el habitual en cualquier rodaje: un golpe simulado, sin contacto real. El problema fue que, tras varios intentos, la reacción de Elwes no convencía a nadie, porque Guest —lógicamente— se contenía para no hacerle daño de verdad, y ese cuidado se notaba en cámara.

Fue el propio Elwes quien propuso solucionarlo de la forma más directa posible: que Guest le golpeara de verdad. Guest aceptó, y esa vez sí puso fuerza en el golpe. Elwes ha contado que lo siguiente que recuerda es despertar en urgencias, todavía vestido con el traje de Westley, escuchando cómo le cosían la cabeza. La particularidad de esta anécdota no es solo el golpe en sí, sino su consecuencia: esa toma, la del desmayo real, es la que quedó montada en la versión final de la película. Cuando el espectador ve a Westley caer al suelo e inconsciente en esa escena, no está viendo una interpretación: Elwes estaba, literalmente, fuera de combate.

Un dedo roto que ocultó durante toda una jornada de rodaje

El segundo incidente tiene un origen bastante menos dramático, pero consecuencias que duraron semanas. André the Giant, que interpretaba al gigante Fezzik, se pasó buena parte de un día de rodaje insistiendo a Elwes para que probara el quad (vehículo todoterreno) que llevaba al set, presumiendo de él y poniendo en duda que su compañero se atreviera a montarlo. Elwes aceptó el reto sin experiencia previa conduciendo ese tipo de vehículo, y al subir una cuesta el dedo gordo del pie izquierdo quedó atrapado entre el pedal del cambio y una roca del camino, doblándose hacia atrás hasta romperse por completo.

Con miedo a que la producción lo sustituyera si se enteraban de la gravedad de la lesión, Elwes decidió no decir nada y terminar la jornada como si no hubiera pasado nada. El problema es que esa misma tarde tocaba rodar la secuencia de la persecución por el Pantano de Fuego, en la que Westley y Buttercup corren para escapar de las arenas movedizas y las llamas: en las imágenes que finalmente se usaron, Elwes va saltando de forma casi imperceptible para mantener el peso fuera del dedo roto, algo que él mismo ha descrito como una especie de «baile interpretativo improvisado». No fue al hospital hasta que terminó el rodaje del día, con la lógica de una producción independiente de presupuesto ajustado: «el espectáculo debía continuar».

Cuando Rob Reiner se enteró

Cuando finalmente Elwes le contó a Reiner lo que había pasado, la reacción del director no fue de enfado por el riesgo asumido, sino casi de sorpresa por que su actor hubiera dudado de su propio puesto: «No seas tonto, Cary, no te iba a despedir. Eres el único que puede interpretar a Westley», le dijo, según el propio Elwes ha repetido en distintas entrevistas. El actor ha reconocido después que la experiencia le sirvió de lección sobre la importancia de ser sincero con el equipo de rodaje desde el primer momento, en vez de intentar disimular una lesión real por miedo a perder un papel.

Casualmente, fue el mismo médico quien acabó atendiendo a Elwes dos veces en pocas semanas: primero por el dedo del pie, y después por los puntos en la cabeza tras el golpe de espada, hasta el punto de que, según ha contado el actor entre risas, el doctor terminó bromeando sobre lo propenso a los accidentes que era su paciente.

Un tercer dato que explica por qué esos golpes se notan tan poco

Que dos incidentes reales de este calibre hayan pasado casi desapercibidos para el público durante décadas tiene que ver, en parte, con lo exigente que fue la propia preparación física del reparto. Para el duelo de espadas entre Westley e Íñigo Montoya, Elwes y Mandy Patinkin entrenaron durante meses, varias horas al día, con dos maestros de esgrima distintos —uno para la versión diestra de la coreografía y otro para la zurda—, bajo la supervisión de Bob Anderson, el mismo especialista que había coreografiado los duelos de espada láser de la trilogía original de ‘Star Wars’. Ambos actores llegaron a aprenderse de memoria los movimientos del otro además de los propios, algo poco habitual incluso en escenas de acción de presupuesto mucho mayor. Ese nivel de exigencia física explica, en parte, por qué en un rodaje tan artesanal terminaron colándose golpes y accidentes genuinos: cuando son los propios actores quienes ejecutan la coreografía de combate sin dobles, el margen de error se reduce casi a cero, y cuando algo sale mal, sale mal de verdad.

Entre el dedo roto y la cabeza abierta, el rodaje de una de las comedias familiares más queridas de los años ochenta escondía, en la práctica, dos heridas completamente reales.