Hay escenas que definen una carrera entera en apenas unos minutos de metraje, y el enfrentamiento final entre el coronel Nathan Jessup y el teniente Daniel Kaffee en ‘Pocos hombres buenos’ (1992) es una de ellas. Jack Nicholson aparece en pantalla poco más de quince minutos en toda la película, pero esa breve presencia le valió su décima nominación al Oscar de las doce que acumularía en su carrera, y una cifra de pago que sigue citándose hoy como ejemplo de negociación en Hollywood.
Diez días de rodaje, cinco millones de dólares
Según recoge la propia ficha de producción de la película, Nicholson exigió y consiguió un caché de 5 millones de dólares por solo diez días de trabajo en el plató, lo que equivale a 500.000 dólares diarios. Años después, el propio actor resumió el acuerdo sin rodeos: «fue una de las pocas veces en que el dinero estuvo bien gastado». Antes de que el papel de Jessup recayera en él, el estudio había hecho pruebas con James Woods para el personaje, pero fue Nicholson quien terminó llevándose el papel y, con él, buena parte de la memoria colectiva de la película.
«Rob, no lo entiendes: a mí me encanta actuar»
El director, Rob Reiner, contó en una entrevista con motivo del 25º aniversario del estreno cómo se preparó el rodaje de la secuencia del juicio. Antes de empezar, le preguntó a Nicholson si prefería rodar primero sus propios planos o quedarse fuera de cámara mientras se filmaban las reacciones de Tom Cruise, en el papel de Kaffee. Nicholson eligió quedarse fuera de cámara para tener tiempo de ensayar su interpretación antes de que le tocara a él el turno frente al objetivo. El problema, según Reiner, fue que el actor no consiguió contenerse: repitió la interpretación completa y perfecta en cada toma, estuviera o no la cámara apuntándole. «Cada vez que hacíamos la escena, Jack la hacía perfecta», recordó el director, entre risas. Después de varias tomas así, Reiner le sugirió que se guardara algo de energía para cuando le tocara a él estar delante de la cámara. La respuesta de Nicholson fue tajante: «Rob, no lo entiendes: a mí me encanta actuar». Cuando finalmente llegó su turno, repitió exactamente la misma interpretación que había estado regalando fuera de plano.
Una sola toma para todo el discurso
La logística del rodaje añade otra capa a la leyenda de la escena. Según el relato del propio reparto, incluido el de Kiefer Sutherland (que interpreta al teniente Kendrick en la película), la secuencia completa del interrogatorio se rodó de principio a fin en una sola toma continua, tan larga que requirió un chasis de película de 1.200 pies para no tener que cortar a mitad de la interpretación. Al terminar, Reiner le preguntó en voz baja a Nicholson si quería repetirla. «Bueno, ya que estamos», respondió el actor, y rodaron una segunda toma igual de contundente que la primera. Quienes estaban en el plató coincidieron después en que el silencio tras el «corte» fue absoluto: «nunca había oído un silencio así en un rodaje. Se había consumido todo el oxígeno de la sala», recordó un testigo.
Una frase que quizá no estaba en el guion
Sobre la frase más famosa de la escena —«tú no puedes soportar la verdad» («you can’t handle the truth»)— circula desde hace años una anécdota que conviene tomar con cierta cautela: según recoge la autora Judith Humphrey en su libro ‘Impromptu: Leading in the Moment’, el guion original de Aaron Sorkin decía «ya tienes la verdad», y fue Nicholson quien, en el calor de la interpretación, la cambió sobre la marcha por la versión que ha terminado en incontables parodias, desde ‘Los Simpson’ hasta vídeos de formación de equipos comerciales. El propio Reiner, eso sí, se ha referido a la línea simplemente como escrita por Sorkin sin entrar en el detalle del cambio, así que el origen exacto de esas seis palabras sigue siendo, como tantas otras anécdotas de rodaje clásicas, algo que solo los presentes en aquel plató de 1992 podrían confirmar del todo.
Un éxito que superó de largo su presupuesto
‘Pocos hombres buenos’, adaptación de la propia obra de teatro que Aaron Sorkin había estrenado en Broadway en 1989, se rodó con un presupuesto de entre 33 y 40 millones de dólares y terminó recaudando 243,2 millones en todo el mundo, una diferencia notable incluso para los estándares de Hollywood de principios de los noventa. La película llegó a los cines el 9 de diciembre de 1992 y acabó sumando cuatro nominaciones al Oscar, entre ellas la de mejor película, además de la propia nominación de Nicholson como mejor actor de reparto. Nicholson, por su parte, se llevó su cheque de diez días de trabajo y dejó una de las interpretaciones más citadas de la historia del cine, con una sola pega: culpó públicamente a Columbia Pictures de estrenar la película justo cuando competía en cartelera con ‘Hoffa’, su otro estreno de aquel mismo diciembre.
