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La escena de ‘El indomable Will Hunting’ que Robin Williams se inventó sobre la marcha, y por la que Matt Damon soltó una carcajada real que se quedó en el montaje final

Buena parte del monólogo del banco entre Robin Williams y Matt Damon en 'El indomable Will Hunting' no estaba en el guion. Y no fue la única sorpresa que Williams se guardó para el rodaje.

La escena de 'El indomable Will Hunting' que Robin Williams se inventó sobre la marcha, y por la que Matt Damon soltó una carcajada real que se quedó en el montaje final

‘El indomable Will Hunting’ (Gus Van Sant, 1997) tiene fama de ser una de esas películas cuyo guion es prácticamente perfecto de principio a fin, escrito por Ben Affleck y Matt Damon cuando todavía eran dos actores casi desconocidos. Pero una parte considerable de sus escenas más recordadas, sobre todo las del psiquiatra Sean Maguire interpretado por Robin Williams, ni siquiera estaba en ese guion tan celebrado: Williams se las inventó delante de la cámara, y al menos dos de esas improvisaciones se quedaron tal cual en el montaje final.

De thriller sobre un criptoanalista a drama sobre un genio con guardia baja

Antes de convertirse en la historia que todos conocemos, el guion de Damon y Affleck era otra película completamente distinta: un thriller con una trama de trasfondo de FBI en la que el protagonista terminaba trabajando como criptoanalista. Fue el productor Rob Reiner quien les convenció de eliminar esa subtrama y centrar todo el peso de la historia en los personajes y sus relaciones, el giro que terminaría definiendo la película. Castle Rock Entertainment compró el guion original por 600.000 dólares, una cifra considerable para dos guionistas primerizos, aunque ambos tenían tan mal historial de crédito que necesitaron enseñarle a su futuro casero un artículo de la revista Variety sobre la venta para poder alquilar una casa de 3.000 dólares al mes.

El personaje de Sean Maguire, el psiquiatra que termina interpretando Williams, nació como una mezcla casi literal de la madre de Damon y el padre de Affleck. Y el propio Affleck pudo escribir con tanta autenticidad sobre un bedel de Harvard porque tanto su padre como su madrastra habían trabajado precisamente como bedeles en esa universidad.

La batalla por quedarse los papeles protagonistas

Antes de que Williams entrara en el proyecto, el estudio quería que los papeles principales los interpretaran Leonardo DiCaprio y Brad Pitt, entonces mucho más bancables que los propios guionistas. Damon y Affleck tuvieron que pelear para quedarse ellos mismos los personajes que habían escrito. La cosa se complicó todavía más cuando el director Michael Mann estuvo cerca de hacerse con las riendas del proyecto: Mann quería convertir a Will y sus amigos en ladrones de coches y exigió repetir el casting; cuando rechazó a Damon tras una prueba de cámara, los productores decidieron mantenerse fieles a su actor original en vez de al director. Fue entonces cuando el proyecto terminó en manos de Gus Van Sant, que llegó a pedir una escena en la que el personaje de Chuckie moría en un accidente de construcción; los guionistas la escribieron, pero el propio Van Sant se dio cuenta de que no funcionaba y la descartó antes del rodaje.

Philip Romano

El chiste que no estaba escrito y la carcajada que sí se quedó

La escena más comentada de toda la película es el monólogo de Sean Maguire en el banco del parque, y buena parte de lo que Williams dice ahí nunca estuvo en el papel. En una de las tomas, mientras se supone que Sean y Will debían abrirse el uno al otro sobre sus vidas personales, Williams se salió por completo del guion y contó, de su propia cosecha, una anécdota sobre su mujer tirándose pedos mientras dormía. La reacción de Matt Damon, doblado de risa, es completamente real, no actuada, y la cámara —sostenida, según se cuenta, por un operador que también estaba conteniendo la risa— se nota visiblemente temblorosa en esa toma. Lejos de sobrar, ese momento de humor absurdo terminó siendo uno de los intercambios más entrañables entre los dos personajes, y ayudó a que Williams se llevara el Oscar al mejor actor de reparto por un papel que le obligaba, contra su instinto habitual, a contener su energía más desatada.

La otra improvisación célebre llega en la escena final, cuando Sean descubre la nota de despedida que Will le ha dejado y se supone que debía limitarse a leerla en silencio. Williams soltó, sin que estuviera escrito: «Hijo de puta. Me ha robado la frase». Damon ha contado que, al escucharlo, agarró por los hombros al propio Gus Van Sant en pleno rodaje, los dos conscientes de que acababan de presenciar algo que no estaba en ningún papel. Según el propio Damon, esa línea es la mejor aportación de Williams a toda la película. Para conseguir estos momentos, el equipo llegó a rodar unas 60 tomas consecutivas de la misma escena sin cortar la cámara, dejando que Williams saliera y entrara por la puerta probando variaciones distintas cada vez, hasta dar con el tono exacto que buscaban.

Un actor tan generoso fuera de cámara como dentro de ella

La actriz Minnie Driver, que interpreta a Skylar en la película, contó años después otra anécdota del rodaje que no tiene nada que ver con el guion: durante uno de los descansos en el campus universitario donde se filmaba la escena del banco, Williams improvisó un número de stand-up completamente espontáneo para los estudiantes que estaban comiendo en el césped. Lo que empezó como un pequeño grupo de curiosos terminó reuniendo a unas 300 personas en cuestión de minutos, atraídas por la noticia de que Williams estaba actuando gratis a pocos metros de ellas. «Era un buen hombre», resumió Driver.