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Crítica de «El hombre de más», de Paolo Sorrentino

Sublime narración de la decadencia de la mano de un Sorrentino al borde de su primera genialidad

El genial director italiano de cine, Paolo Sorrentino, asombró al mundo entero con su película La gran belleza, con la que ganó el Oscar a mejor película extranjera además de cautivar por completo a crítica especializada y público. No se quedaron tampoco atrás sus obras La juventud y Pío (y los otros), las cuales, a pesar de no llegar al nivel de popularidad de la primera, cosecharon un gran éxito y se situaron ambas entre las más relevantes de su año.

Pero lo que nos trae aquí no es hablar de las últimas películas del director, sino de su primer largometraje, que en estas líneas nos ocupa. Estrenada en 2001, supone además del inicio de la filmografía de Sorrentino, el primer trabajo con Tony Servillo, con quien establece en la actualidad una de las duplas director-actor más reconocidas del mundo.

Argumento y resumen de El hombre de más

La película narra dos historias paralelas e independientes entre sí. Por un lado, el declive de un famoso defensa central que es amado por los aficionados de su equipo pero que, tras una infortunada lesión, ve cómo su vida pierde sentido y los dirigentes de su club no cumplen su palabra al no contar con él como le habían prometido.

Por otro lado, El hombre de más, cuenta la caída en picado de un carismático cantante, mujeriego y cocainómano, que ve cómo su vida se deshace en pedazos sin poder hacer absolutamente nada. Todos los que eran sus amigos le han dado la espalda, todos los que antes le oían e idolatraban ahora reniegan de él. Incluso parece que, una de las pocas pasiones que le quedaban, el pescado cocinado de la forma que sea, trata de escapar de él.

Crítica de El hombre de más

La película, teniendo sobre todo en cuenta que se trataba el inicio de un director entonces novel, sorprende por el gran número de responsabilidades y riesgos que toma. Sorprende también el amplio porcentaje de ellos que se resuelven con un éxito rotundo, el gran número que lo hacen de forma notable y el escaso grupo que falla.

La película indaga, en ambas caras y con un acierto tan real como doloroso, en lo decadente de la vida. Podemos ver la sucesión de proyectos e ideas que ambos personajes tienen y que no llegan a buen puerto, lo que produce en ellos una terrible desazón y dolor que les hace sentirse desgraciados. Los personajes, desde la construcción de los mismos hasta la interpretación de los actores es notable. Del mismo modo que la historia que cuentan, la cual interesa y empatizas con facilidad a poco que estés vivo y hayas pasado por situaciones y experiencias similares.

Otro de los puntos fuertes, en cuanto al tratamiento, es el modo en que habla del sentimiento de culpa y del peso del pasado. Se ve, sobre todo en el caso del cantante, cómo los hechos que han acontecido en la vida han erosionado su vitalidad y esto repercute en la estima que se tiene a sí mismo y en el miedo a tomar nuevas decisiones.

Rechina, eso sí, un montaje irregular entrecruzando las historias, que a ratos funciona y dota de sentido y a ratos falla y despista con cambios excesivamente rápidos entre ambas historias.

Tampoco parece excesivamente creíble lo que rodea a los personajes principales, unos secundarios que no aportan en exceso y que parecen quedarse en un decorado meramente figurativo en vez de tener un peso crucial en la historia.


 

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