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Italo Calvino subió a un niño a un árbol en 1957 y todavía no hemos agotado la pregunta

<em>El barón rampante</em> convierte una rebelión doméstica en una aventura sobre la libertad y las reglas que elegimos. Cosimo se aparta del suelo sin dejar de relacionarse con quienes permanecen en él.

El barón rampante, la novela que Italo Calvino publicó en 1957, cuenta la vida de un muchacho que decide no volver a bajar de los árboles. Su fuerza está en llevar esa decisión hasta sus consecuencias: lo que podría parecer una ocurrencia infantil se convierte en una manera de amar, aprender, convivir y observar el mundo desde una distancia elegida.

El protagonista, Cosimo Piovasco, barón de Rondò, tiene doce años cuando se encarama a una encina tras enfrentarse a la disciplina familiar. El autor transforma ese gesto en la regla que organiza una existencia, de modo que el lector debe preguntarse constantemente si está ante una liberación, una obstinación o una mezcla inseparable de ambas.

De qué trata El barón rampante de Italo Calvino

La novela trata de una vida construida alrededor de una promesa: Cosimo permanecerá en los árboles sin renunciar por completo a los demás. La aventura se desarrolla a partir de esa condición fantástica, que obliga a reorganizar las actividades más corrientes y convierte cada encuentro en una negociación entre proximidad y distancia.

La imagen del muchacho entre las ramas resulta tan clara que puede ocultar la complejidad del libro. Apartarse no equivale a desaparecer. El protagonista observa, establece vínculos y participa en lo que ocurre a su alrededor. La altura no lo convierte automáticamente en alguien más sabio, pero sí altera el lugar desde el que mira y el precio que paga por mantener su decisión.

Ese desplazamiento permite leer la novela sin reducirla a una moraleja. Una historia más simple premiaría la rebeldía o castigaría la terquedad. La regla elegida sostiene la singularidad del personaje y, al mismo tiempo, condiciona lo que puede hacer. La libertad no aparece como ausencia de límites, sino como una relación problemática con ellos, una negociación que nunca queda resuelta de una vez para siempre.

El tono de aventura evita que la reflexión se convierta en un tratado. Los árboles ofrecen caminos, refugios y obstáculos; la imaginación narrativa hace que una pregunta abstracta adquiera peso físico. El lector puede pensar en autonomía mientras sigue una vida que necesita resolver cómo desplazarse, encontrarse con alguien o permanecer fiel a una elección cuando esa fidelidad deja de resultar sencilla.

Por qué sigue siendo un clásico tan cercano

Sigue siendo cercano porque elegir una identidad también puede convertirse en una carga. La novela permite reconocer una experiencia cotidiana: defender algo que nos importa y descubrir, con el tiempo, que ya no sabemos si lo mantenemos por convicción o por miedo a contradecir la persona que hemos dicho ser.

La distancia del protagonista también sirve para pensar en nuestra forma de mirar. Cambiar de posición puede revelar detalles que desde el suelo pasaban inadvertidos, pero ninguna perspectiva elimina la necesidad de escuchar a otros. La altura no concede una verdad absoluta. Su valor está en abrir un ángulo diferente, no en convertir a quien lo ocupa en dueño de todas las respuestas.

La edición española de Siruela mantiene disponible una obra que admite lectores muy distintos. La traducción de Esther Benítez, recogida en las fichas editoriales, permite acercarse tanto a la aventura como a sus preguntas más persistentes. No hace falta conocer previamente la trayectoria del autor para entrar en un relato cuya imagen inicial se comprende de inmediato y se complica con cada página.

Releer El barón rampante puede cambiar el significado de su gesto central. A cierta edad impresiona la valentía de subir; más adelante interesa el esfuerzo de quedarse y el coste de no bajar. Un clásico permanece vivo cuando una misma historia devuelve preguntas distintas a lectores que ya no son los mismos. ¿Qué regla personal te ha ayudado a ser tú y cuál has tenido que aprender a abandonar?

Ana Ferrer

Ana es la firma de PlotTwist para la crítica cultural: reseñas de libros y críticas de cine de autor, siempre con un ojo puesto en lo que la obra dice del momento que vivimos.

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