No soy especialmente aficionado al humor escatológico. Puedo reírme con un buen chiste, como cualquiera, pero tampoco es algo que busque cuando elijo una lectura. Por eso, al empezar La tos del culo, tenía curiosidad por saber si el libro ofrecería algo más que una sucesión de bromas sobre pedos. Y la verdad es que su contenido es bastante más variado de lo que da a entender el título.
Lo que más me interesó fueron los apartados relacionados con el funcionamiento del aparato digestivo y las flatulencias. El autor explica cómo se forman los gases intestinales, qué relación tienen con determinados alimentos y por qué su composición y olor pueden variar. Son cuestiones normales de nuestro organismo que solemos tratar con cierta vergüenza, aunque nos afecten a todos.
Me llamó la atención, por ejemplo, la información sobre la fermentación de los alimentos y la influencia de la microbiota intestinal. También resulta curioso el apartado dedicado a los olores y a los compuestos responsables de ellos. A lo largo de estas páginas aparecen referencias a investigaciones, publicaciones divulgativas y profesionales de la medicina.
Eso sí, conviene leerlas como parte de una obra de entretenimiento y divulgación general, no como un manual médico. El libro combina información científica con afirmaciones populares y comentarios humorísticos, así que no todo tiene necesariamente el mismo valor como explicación de salud.
Otra cosa que me gustó fue que el autor no intenta complicar demasiado el lenguaje. Aunque introduce algunos términos relacionados con la química y la digestión, enseguida vuelve a su estilo habitual, mucho más coloquial. Da la sensación de estar escuchando a alguien que ha investigado un tema por pura curiosidad y quiere compartir cuanto ha encontrado.
El apartado sobre los beneficios de expulsar gases también invita a pensar en la naturalidad con la que deberíamos tratar ciertas funciones del cuerpo. Sin necesidad de llevarlo todo al terreno de la broma, hay una idea bastante sencilla detrás del libro: no tiene mucho sentido convertir algo fisiológico y universal en un motivo permanente de vergüenza.
Evidentemente, hay capítulos más disparatados que otros. Las extensas clasificaciones y los retratos de profesiones están pensados para provocar la carcajada, mientras que las explicaciones digestivas tienen un carácter más informativo.
Para mí, La tos del culo funciona mejor cuando se lee sin demasiadas expectativas y con ganas de curiosear. No es un libro convencional, pero consigue que prestes atención a algo cotidiano que normalmente ignoras. Y hacerlo con humor, sin pretender dar grandes lecciones, tiene su mérito.
