Hay comienzos de novelas que presentan un personaje y otros que abren una puerta hacia una historia. Jane Austen hace algo más ambicioso en Orgullo y prejuicio: utiliza una sola frase para retratar a toda una sociedad y burlarse de ella al mismo tiempo. «Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa» abre el capítulo I y parece formular una ley universal. El segundo párrafo empieza a desmontar inmediatamente esa supuesta verdad.
La clave es descubrir quién necesita realmente que ese hombre quiera casarse. No conocemos todavía sus sentimientos, sus intenciones ni sus opiniones. Lo que sí conocemos es el pensamiento de las familias que lo rodean, que prácticamente lo consideran propiedad matrimonial de alguna de sus hijas. La solemnidad de «verdad mundialmente reconocida» sirve para presentar como certeza universal algo que es, en realidad, interés social.
Por qué la primera frase dice casi lo contrario de lo que parece
Porque Austen construye la ironía antes incluso de presentar adecuadamente a Elizabeth Bennet y al señor Darcy. El lector recibe primero una regla y después descubre que esa regla está contaminada por los deseos de quienes la formulan.
El efecto se entiende de inmediato cuando aparece la señora Bennet. La llegada de Bingley al vecindario no supone para ella la llegada de un nuevo vecino, sino la aparición de una posibilidad. Es soltero, tiene dinero y por tanto puede convertirse en marido de alguna de sus hijas. La propia conversación del primer capítulo especifica que dispone de cuatro o cinco mil libras al año, y la reacción de la señora Bennet convierte inmediatamente el dato económico en una cuestión matrimonial.
Austen consigue así que el dinero aparezca antes que el enamoramiento. No destruye la posibilidad del amor, pero obliga al lector a recordar que estas relaciones se desarrollan dentro de una estructura económica y social. Las Bennet tienen un problema que ninguna conversación romántica puede borrar: la propiedad familiar está vinculada a la línea masculina y las cinco hermanas necesitan afrontar un futuro en el que un buen matrimonio puede determinar su seguridad económica.
Ahí reside buena parte de la inteligencia de Orgullo y prejuicio. Austen puede convertir a un personaje en fuente de comedia sin negar el problema que lo mueve. La señora Bennet exagera, interrumpe y desespera a su marido, pero el mundo en el que vive proporciona motivos concretos para su ansiedad.
Qué revela esta ironía sobre el dinero el amor y los prejuicios
Revela que en Orgullo y prejuicio enamorarse nunca ocurre en un vacío social. Cada encuentro está acompañado por información sobre patrimonio, familia, reputación y posición. El dinero no es un decorado situado detrás de las historias sentimentales: condiciona qué relaciones parecen posibles y cómo son juzgadas.
Por eso el arranque sigue funcionando incluso después de conocer el final de la novela. Austen empieza hablando de hombres ricos que supuestamente necesitan esposas y dedica después buena parte de la historia a mujeres que necesitan descubrir qué parte de sus juicios procede de la realidad y qué parte ha sido construida por expectativas ajenas.
Elizabeth es especialmente interesante porque se considera capaz de juzgar bien. Su inteligencia no la inmuniza contra el error. Darcy, por su parte, tampoco queda protegido por su posición. Ambos deben revisar la interpretación que han construido del otro.
Más de dos siglos después, la línea continúa siendo reconocible porque su mecanismo no depende exclusivamente de las normas matrimoniales de la Inglaterra de principios del XIX. Seguimos convirtiendo deseos colectivos en supuestas verdades naturales y seguimos utilizando frases rotundas para esconder intereses bastante particulares. ¿Y cuántas de las «verdades universalmente reconocidas» de nuestro tiempo cuentan en realidad mucho más sobre quienes las repiten que sobre las personas a las que pretenden describir?
