La madriguera, de Melanie Cheng, es una novedad editorial de este octubre en España sobre una familia que intenta convivir después de una pérdida. Publicada por Muñeca Infinita y traducida por Vanesa García Cazorla, la novela sitúa el duelo dentro de una casa donde compartir espacio no significa necesariamente saber acompañarse.
La edición española tiene 224 páginas y presenta a Amy, Jin y su hija Lucie, cuya vida cotidiana permanece atravesada por lo que no consiguen decirse. La llegada del conejo Fiver y la convivencia con Pauline, madre de Amy y abuela de Lucie, modifican ese equilibrio. El conflicto no necesita un escenario extraordinario: empieza en la intimidad familiar.
De qué trata la nueva novela de Melanie Cheng
La novela sigue a Amy, Jin y Lucie mientras buscan una manera de seguir viviendo sin resolver de la misma forma el dolor compartido. Fiver introduce nuevas necesidades en la casa y Pauline añade otra perspectiva generacional. La convivencia obliga a que los silencios dejen de ser únicamente una experiencia individual y afecten a todos.
Ese planteamiento resulta reconocible porque una familia puede conocer los hechos de una pérdida y, aun así, ignorar cómo la vive cada miembro. El duelo compartido no produce automáticamente una conversación compartida. Una persona necesita hablar, otra busca ocupaciones y otra teme que cualquier pregunta vuelva a abrir algo que apenas consigue sostener.
La presencia de Fiver permite desplazar la atención hacia tareas pequeñas: alimentar, observar, preparar un espacio o hacerse cargo de una criatura vulnerable. Un animal no ofrece explicaciones ni exige que el dolor se vuelva razonable. Su dependencia introduce un presente concreto en una casa donde el pasado ocupa demasiado sitio.
La incorporación de Pauline amplía además el mapa de relaciones. Una madre y una hija no llegan a una convivencia nueva sin historia previa, y una abuela tampoco ocupa exactamente el mismo lugar que los padres de una niña. El interés del argumento está en esas posiciones diferentes, no en convertir a toda la familia en una sola voz.
Qué aporta La madriguera a las historias sobre la pérdida
El atractivo de La madriguera está en relacionar la pérdida con la intimidad cotidiana, en lugar de reducirla a un acontecimiento que debe explicarse una vez y quedar atrás. La casa funciona como un lugar de protección y, al mismo tiempo, como un espacio donde resulta difícil escapar de los hábitos que mantienen la distancia.
El propio titulo invita a pensar en los refugios que construimos para soportar lo que duele. Un escondite puede ser necesario durante un tiempo, pero también puede impedir el contacto con quienes están cerca. La pregunta literaria no consiste en condenar ese mecanismo, sino en observar cuándo protege y cuándo empieza a aislarnos.
La trayectoria de Melanie Cheng, escritora y médica, aporta un contexto relevante a su interés por las relaciones humanas. En una entrevista con Matilda Bookshop, la autora explica su fascinación por el drama qué ocurre detrás de las puertas domésticas. No hace falta convertir esa experiencia profesional en una garantía de verdad universal para apreciar la precisión de su punto de partida.
La edición de Muñeca Infinita ofrece una entrada a la narrativa australiana contemporánea sin exigir al lector familiaridad con sus referencias. Una casa, una niña, una abuela y un conejo bastan para plantear una cuestión amplia: cómo recuperar el contacto cuando las personas que más queremos también nos recuerdan aquello que hemos perdido.
Leer La madriguera desde esa perspectiva permite prestar atención al cuidado sin esperar una receta para superar el duelo. La literatura puede dar forma a experiencias contradictorias sin convertirlas en instrucciones. Su valor está en permitir que reconozcamos una emoción y, a la vez, descubramos que otra persona la vive de una manera distinta. ¿Qué novela familiar te ha ayudado a entender mejor un silencio de tu propia casa?
