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Pedro Almodóvar publica su primera novela el 29 de octubre: un lector que se niega a aceptar el final

El hombre que solo escribía en los aviones llega a las librerías con Reservoir Books. Su protagonista convierte el amor por los libros en una obsesión: prolongar las historias que otros ya han terminado.

Pedro Almodóvar, retrato, crédito EFE/Alfaguara/Nico Bustos

Pedro Almodóvar publica el 29 de octubre su primera novela, El hombre que solo escribía en los aviones, una historia protagonizada por un lector incapaz de despedirse de sus ficciones favoritas. Reservoir Books edita un libro que sitúa la escritura, el deseo y la apropiación de historias en el centro de su argumento. El personaje principal, Flavio Guijarro, no destaca por un talento literario excepcional, sino por una relación tan intensa con la lectura que acaba empujándolo a intervenir en los textos que admira. Para él, cerrar un libro no significa necesariamente aceptar que la aventura ha terminado.

De qué trata la primera novela de Pedro Almodóvar

La novela sigue a Flavio Guijarro, un hombre de vocaciones cambiantes cuya pasión por leer desemboca en la necesidad de escribir. La presentación editorial describe a un personaje que modifica y toma prestados los textos que lo impresionan. Ese punto de partida introduce un conflicto reconocible para cualquier lector: la diferencia entre disfrutar de una historia y querer habitarla. Flavio cruza esa frontera, transforma la admiración en intervención y convierte las obras ajenas en combustible para una búsqueda propia.

El título, El hombre que solo escribía en los aviones, añade una condición concreta a esa relación con la creatividad. Según la información difundida por ANSA, Flavio escribe durante los vuelos y pierde esa facilidad cuando vuelve a tierra. El desplazamiento deja de ser un simple trayecto y se convierte en una condición para inventar. La imagen permite pensar en los espacios que asociamos con determinadas versiones de nosotros mismos: lugares donde parece más sencillo concentrarse, recordar o imaginar una vida diferente de la habitual.

La nueva obra no supone el primer contacto de Pedro Almodóvar con la literatura. Antes de esta novela publicó, entre otros títulos, Fuego en las entrañas, Patty Diphusa y El último sueño. La distinción importa porque el cambio está en el formato, no en el descubrimiento repentino de la palabra escrita. El cineasta lleva décadas trabajando con voces, relatos y personajes; ahora reúne esa experiencia en una narración extensa que puede dialogar con sus películas sin depender de ellas para encontrar lectores.

La entrevista concedida a EFE, publicada el 27 de octubre, aporta otra clave: el libro recupera materiales que el autor había conservado durante años. Entre ellos figura el monólogo La adicción, vinculado a Dolor y gloria, y una historia de ciencia ficción nacida después de ver Blade Runner. Estos antecedentes muestran un proceso de transformación entre formatos. Una idea puede comenzar como apunte, convertirse en una escena y regresar después a la página con otra función, otra extensión y otro significado.

Por qué Almodóvar relaciona la lectura con el deseo de seguir escribiendo

Almodóvar relaciona la escritura con el deseo de prolongar la ficción, una idea que explica en su conversación con EFE al hablar de la fanficción. El interés no reside únicamente en inventar personajes nuevos, sino también en responder a los que ya existen. Una historia puede terminar en la última página y continuar en la imaginación del lector. Flavio lleva ese impulso hasta una zona incómoda, donde el homenaje, la transformación y la copia dejan de estar separados por límites fáciles de reconocer.

La figura del lector que escribe abre una reflexión sobre la originalidad. Ninguna persona llega a una página en blanco sin recuerdos, lecturas o imágenes anteriores. La cuestión no consiste solo en identificar las influencias, sino en observar qué hace cada autor con ellas. La premisa de la novela permite explorar esa tensión sin convertir al protagonista en un modelo admirable: amar una obra no elimina automáticamente las contradicciones de apropiarse de ella, ni garantiza que el resultado tenga una voz propia.

La editorial también sitúa dos historias de amor dentro del libro, junto al deseo por la palabra escrita. Esa combinación amplía el sentido de la obsesión de Flavio: querer que una novela continúe puede parecerse al impulso de conservar una relación o retrasar una despedida. Leer y amar comparten, en esa interpretación, la dificultad de aceptar que algo valioso tiene un límite. La ficción ofrece una salida imaginaria, aunque no necesariamente una solución para los conflictos de la vida cotidiana.

El lanzamiento del 29 de octubre invita a acercarse a Almodóvar desde un lugar distinto de la pantalla. La pregunta no es únicamente cuánto de su cine aparece en la novela, sino qué puede hacer la prosa con el tiempo, la memoria y las voces de otros. Para los lectores, el atractivo está en esa posibilidad de reconocer una sensibilidad familiar dentro de una forma nueva. ¿Alguna vez has deseado tanto que un libro continuara que imaginaste tu propia versión de su final?

Lucía Prats

Lucía es la firma de PlotTwist para la actualidad de cine y series: estrenos, cancelaciones, taquilla y todo lo que se mueve en las plataformas.

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