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Por qué ‘1984’ de George Orwell sigue siendo una lectura obligadísima hoy

Ayer tocaba novedad, pero hoy toca mirar de frente a un pilar absoluto. Vuelvo a las páginas de '1984' para recordar cómo se forjó esta pesadilla literaria.

Por qué '1984' de George Orwell sigue siendo una lectura obligadísima hoy

Debolsillo (Penguin Random House)

Ayer tocaba novedad, pero hoy toca mirar de frente a un pilar absoluto de nuestras estanterías. Vuelvo a las páginas de ‘1984’ de George Orwell con la misma fascinación de la primera vez que lo leí en la adolescencia. Este clásico consagrado sigue golpeando con la misma fuerza en nuestra sociedad actual, donde la vigilancia constante y el control de la información ya no son ciencia ficción. Releer esta obra publicada el 8 de junio de 1949 por Secker & Warburg en Reino Unido y el 13 de junio de 1949 por Harcourt Brace & Co. en Estados Unidos siempre deja una marca profunda. Hoy quiero compartir con vosotras cómo se gestó realmente este libro visceral que definió nuestra idea moderna del totalitarismo.

Escribir al borde del abismo en la remota isla de Jura

La gestación de esta novela no fue un ejercicio de despacho cómodo, sino una auténtica carrera contrarreloj contra la propia muerte del autor. Para aislarse y terminar el manuscrito, George Orwell alquiló la granja de Barnhill, situada en la remota isla escocesa de Jura en las Hébridas Interiores, donde residió durante unos tres años. Aquel refugio carecía por completo de comodidades modernas y electricidad, dependiendo de gas Calor para cocinar, turba para calentarse y parafina para las lámparas de aceite. El acceso era una auténtica odisea que exigía tomar dos ferris, recorrer veinte millas en coche y caminar otras siete por una pista de tierra donde el correo solo aparecía los jueves. En 1947, en medio de este aislamiento radical, los médicos le diagnosticaron tuberculosis tras años arrastrando graves problemas bronquiales que mermaban su energía.

Toser sangre sobre la máquina de escribir mientras el mundo cambiaba

Las condiciones físicas del escritor durante los últimos meses de trabajo fueron tan extremas que rozan la heroicidad literaria más absoluta. Terminó por fin el manuscrito en diciembre de 1948, escribiendo ya postrado en la cama y tosiendo sangre cuando las fuerzas le abandonaban para mantenerse sentado en el escritorio. Ni siquiera en ese estado crítico abandonó su rutina, ya que seguía mecanografiando el texto él mismo y dedicaba las tardes a reparar sus propias máquinas de escribir. En enero de 1949 tuvo que abandonar definitivamente la isla de Jura para ingresar de urgencia en un sanatorio especializado. Falleció poco más de un año después, el 21 de enero de 1950, a la temprana edad de 46 años, sin llegar a presenciar jamás el verdadero año que bautizó su obra maestra.

Wikimedia Commons (dominio público)

Sobrevivir al remolino antes de bautizar la distopía moderna

La dureza de aquella etapa en Escocia no solo se medía en términos de salud frágil y aislamiento geográfico extremo. Durante su estancia en la isla, George Orwell estuvo a punto de morir ahogado junto a su hijo adoptivo de tres años, Richard, cuando la barca en la que navegaban volcó en el temible remolino de Corryvreckan, considerado uno de los más peligrosos del planeta. Afortunadamente, un pescador de langostas que pasaba por la zona logró rescatarles a tiempo de una muerte segura en aquellas aguas heladas. Respecto al título definitivo, el autor dudó inicialmente entre ‘The Last Man in Europe’ y el que hoy todos conocemos. Fue su editor, Fredric Warburg, quien sugirió el cambio por considerarlo mucho más comercial y atractivo para el gran público. Aunque existe la teoría popular de que invirtió las cifras de 1948, el biógrafo Dorian Lynskey señala en su estudio ‘The Ministry of Truth’ que los borradores previos probaron con 1980 y 1982 antes de fijarse en la fecha definitiva.

El éxito arrollador que pilló por sorpresa a su propio creador

La recepción inicial de la novela superó por completo las modestas expectativas económicas que su responsable había puesto sobre el papel. La crítica literaria fue mayoritariamente entusiasta desde el principio, destacando el propio V. S. Pritchett en el New Statesman que no creía haber leído una novela más aterradora y deprimente. Voces intelectuales de la talla de Bertrand Russell, E. M. Forster y Harold Nicolson también elogiaron la obra, a pesar de contadas excepciones contrarias como la de C. S. Lewis. El propio escritor había calculado de forma muy pesimista que ganaría apenas unas 500 libras con la publicación del volumen. Sin embargo, en 1970 ya había despachado más de 8 millones de ejemplares solo en el mercado estadounidense, convirtiéndose además en 1984 en el libro más vendido de todo el año en Estados Unidos. ¿Qué opináis vosotras de esta obra y cómo veis reflejado su universo en nuestro día a día actual?

Ana Ferrer

Ana es la firma de PlotTwist para la crítica cultural: reseñas de libros y críticas de cine de autor, siempre con un ojo puesto en lo que la obra dice del momento que vivimos.

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