Hay premios literarios que anuncian un libro, y hay premios que anuncian directamente una lectora nueva. A mí ‘Las leopardas’, de Marta Borraz, me ha hecho lo segundo nada más leer la sinopsis. Todavía no está en librerías — sale el 7 de octubre — pero llevo días con la premisa dándome vueltas y necesitaba contarlo antes de que se me adelantara medio Bookstagram.
De qué va
La novela sigue a Clara y a una constelación de amigas en la Zaragoza de finales de los años setenta — los veranos en el Pirineo aragonés y los Monegros, los institutos, la música, el cine, los horóscopos, todo lo que acompaña el despertar de una generación que cree que todo está por descubrir. Pero hay una enfermedad silenciosa que va a marcar el destino de algunas de esas mujeres: el sida, que en los años ochenta y noventa golpeó con especial dureza a su generación y que la novela aborda desde el estigma, pero también —y esto es lo que más me ha enganchado— desde la ternura y el cuidado que esas mujeres se dan entre ellas para sostenerse. Dos décadas, de finales de los setenta a mediados de los noventa, contadas con amistad, deseo femenino y memoria como hilo conductor.
Quién la escribe
Marta Borraz nació en Huesca en 1981, es licenciada en Derecho y ejerce como abogada y mediadora en Barcelona, aunque mantiene un vínculo fuerte con Alquézar, el pueblo aragonés al que siempre vuelve. ‘Las leopardas’ es su segunda novela, después de ‘Años de vida’ (2024) — es decir, no es una voz completamente nueva, pero sí una que hasta ahora se movía fuera del radar de las grandes editoriales. La protagonista está inspirada en una tía de la autora que murió de sida cuando Borraz tenía apenas 15 años, y esa huella personal se nota: no es un libro escrito desde la distancia del que investiga un tema, sino desde alguien que reconstruyó su propia adolescencia y los lugares de su biografía para poder contarlo.
Por qué este premio en concreto importa
‘Las leopardas’ se ha alzado con el XXII Premio Tusquets de Novela, dotado con 18.000 euros y una escultura de bronce de Joaquín Camps, entre 1.248 manuscritos presentados — para que os hagáis una idea de la criba. El jurado, presidido por Antonio Orejudo, destacó justo lo que a mí me atrapó de la premisa: la combinación de humor y tragedia para reconstruir una época y a las mujeres que la vivieron. Una de las juradas, Eva Cosculluela, lo resumió como un homenaje a una generación de mujeres que buscó la libertad en un momento de libertades recién estrenadas y, a la vez, llenas de incertidumbre.
No he podido leerla todavía —insisto, no sale hasta el 7 de octubre— pero hay libros que uno sabe que le van a doler antes incluso de abrirlos, solo por cómo están planteados. Este es uno. ¿A vosotras también os pasa que hay premisas que ya sabéis que os van a dejar tocadas antes de leer la primera página?
