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Llevo tres libros defendiendo a un fraile medieval detective, y el autor de la saga sigue sin decirme cómo se llama de verdad

'Una tumba en Al Ándalus' cierra, de momento, la trilogía de Gonzalo de Berceo con un viaje a la Córdoba del siglo XII. Su autor, Lorenzo G. Acebedo, es un seudónimo: nadie sabe quién hay detrás, y esa es la parte que más me engancha.

Llevo tres libros defendiendo a un fraile medieval detective, y el autor de la saga sigue sin decirme cómo se llama de verdad

Tusquets Editores

Llevo desde 2023 recomendando esta serie a quien quiera escucharme, y todavía no sé cómo se llama de verdad su autor. ‘Una tumba en Al Ándalus’ es la tercera entrega de las andanzas de Gonzalo de Berceo, un fraile medieval aficionado al vino y a resolver crímenes que nadie más quiere investigar, y la firma Lorenzo G. Acebedo: un seudónimo tras el que se esconde, según cuenta la propia editorial, un escritor afincado en un pueblo de La Rioja que dejó los estudios de teología por el retiro monacal, y el monasterio, más tarde, por una mujer. Nada más. Ni una entrevista con la cara descubierta, ni una foto que no sea de espaldas.

Y lo digo desde ya: esa discreción no es una estrategia de marketing torpe, es parte de lo que hace que esta serie funcione tan bien. Un autor que escribe sin la presión de que nadie lo reconozca por la calle escribe distinto, más suelto, y se nota en cada página.

De Silos a Compostela, y ahora a la Córdoba andalusí

La saga empezó en 2023 con ‘La taberna de Silos’, donde Berceo investigaba el asesinato de un monje en su propio monasterio, y siguió en 2024 con ‘La Santa Compaña’, que lo llevaba hasta Santiago de Compostela entre superstición e intereses eclesiásticos. Esta tercera entrega cambia por completo el escenario: Berceo, de luto por la muerte de su amigo Lope, tiene que interrumpir su propia investigación de un asesinato en San Millán de la Cogolla porque tres obispos lo obligan a viajar a Córdoba para localizar y traducir un códice árabe. Una vez allí tendrá que cruzar el cerco cristiano de la ciudad, colarse en el harén de la Casa de los Siete Jardines y explorar los restos de la biblioteca del califa Alhakén II, la más grande tras la de Alejandría, antes de que ardiera.

Lo que más me gusta de este giro es que saca a Berceo de su terreno conocido. En los dos libros anteriores era el que entendía el contexto mejor que nadie; aquí es un cristiano que no habla la lengua ni conoce las costumbres de la ciudad a la que llega, y esa desventaja cambia por completo el tono de la investigación.

Clu / Getty Images

Por qué esta serie funciona cuando tantas otras de novela histórica no

Lo que distingue a Acebedo de tanta novela histórica que se toma a sí misma demasiado en serio es el humor. Berceo no es un héroe solemne: es mundano, algo bebedor, e irónico incluso en los momentos de mayor peligro. Y detrás de ese tono ligero hay un trabajo de documentación real y verificable, que es justo lo que los críticos llevan destacando desde el primer libro: Juan Carlos Galindo lo definió en El País como «un apasionante relato de misterio», y en Diario de Burgos lo calificaron directamente de «tratado medieval» disfrazado de novela de intriga.

Un misterio dentro de otro misterio

Confieso que parte de por qué sigo esta serie con tanta fidelidad es la propia incógnita del autor. Cada vez que sale un libro nuevo, alguien en redes intenta adivinar quién es Lorenzo G. Acebedo de verdad, y la editorial nunca suelta prenda. Solo hay una fotografía pública, publicada por Diario de Cádiz, en la que aparece de espaldas. Es un gesto raro en un mercado editorial que suele vender al autor tanto como al libro, y precisamente por eso me parece de lo más honesto: aquí lo único que hay para juzgar es el texto.

Si os gusta la novela histórica con algo de humor negro, un detective imperfecto y una ambientación que no da nada por sentado, esta serie merece que le deis una oportunidad desde el primer libro. ¿Hay algún autor cuyo verdadero nombre os gustaría descubrir tanto como a mí me pasa con este?