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Llevaba años creyendo que ‘La metamorfosis’ la había traducido Borges, y resulta que ni él mismo estaba seguro del todo

70 páginas que Kafka escribió en tres semanas de 1912 y que casi un siglo después seguimos sin terminar de descifrar del todo. Y la historia de su traducción al español es casi tan rara como la propia novela.

Llevaba años creyendo que 'La metamorfosis' la había traducido Borges, y resulta que ni él mismo estaba seguro del todo

Antiquariat Dr. Haack Leipzig / Wikimedia Commons

Hay libros que uno relee porque cada vez que vuelve a ellos encuentra algo que juraría que no estaba la primera vez. ‘La metamorfosis’ es de esos. La premisa la sabe todo el mundo: Gregor Samsa se despierta convertido en un insecto monstruoso. Lo que casi nadie recuerda, hasta que la relee, es que la novela no dedica ni una línea a explicar por qué ha pasado. A Kafka no le interesa el misterio de la transformación, sino lo que viene después: cómo reacciona una familia cuando el hijo que la mantenía deja de poder salir de su habitación.

Setenta páginas escritas en tres semanas

Es el relato más largo que Kafka terminó y publicó en vida —unas 70 páginas impresas—, escrito en apenas tres semanas de noviembre y diciembre de 1912. No se publicó hasta 1915, primero por entregas en la revista alemana Die Weiße Blätter y ese mismo diciembre como libro suelto, en la colección Der jüngste Tag de Kurt Wolff Verlag. La portada de aquella primera edición, la que ilustra esta pieza, es tan austera como el propio texto: solo el nombre de Kafka y el título original, Die Verwandlung, sobre una tela verde grisácea.

Ese título sigue generando debate más de un siglo después: en alemán, Verwandlung significa simplemente «cambio», y desde principios de siglo varias editoriales en español la titulan ‘La transformación’ en lugar de ‘La metamorfosis’, por considerar que el término clásico remite más a la mitología de Ovidio que al frío proceso burocrático-familiar de Kafka. La discusión no está cerrada, pero la traducción original caló tan hondo que la mayoría seguimos llamándola así, compremos la edición que compremos.

La traducción que (quizá) no era de Borges

Y aquí llega la parte que me hizo verla con otros ojos: durante décadas se dio por hecho que la edición en español que publicó la editorial argentina Losada en 1938 —la que popularizó el libro en todo el continente— estaba traducida por Jorge Luis Borges. La propia editorial lo anunciaba así, y el propio Borges llegó a reconocerlo en una carta privada a Victoria Ocampo. El problema es que, años más tarde, en varias entrevistas, lo negó de forma reiterada. Nadie ha podido demostrar con certeza cuál de las dos versiones era la sincera. Lo que sí sabemos es que la primerísima traducción al español, la de 1925 en la Revista de Occidente, se publicó sin firma, y que solo se supo décadas después que su autora había sido la escritora Margarita Nelken, borrada del crédito durante casi un siglo.

Un libro que se resiste a una sola lectura

Max Brod, el amigo íntimo de Kafka que desobedeció su petición de quemar todos sus manuscritos inéditos tras su muerte en 1924 —y al que le debemos que exista el Kafka que hoy leemos—, defendía una lectura casi religiosa del texto. Otros críticos han insistido en una lectura psicológica centrada en el conflicto de Kafka con su padre. Vladimir Nabokov, que impartía la novela en sus clases de Cornell, rechazaba ambas interpretaciones: para él la verdadera protagonista trágica no es tanto Gregor como su hermana Grete, la única que al principio lo cuida con ternura y que termina siendo quien, en sus propias palabras, «apuñala por la espalda» a Gregor.

Esa es, para mí, la razón para volver a ella aunque uno crea que ya la conoce de memoria: no es una novela sobre un hombre que se convierte en insecto, es una novela sobre lo rápido que una familia puede dejar de ver una persona detrás de un problema. ¿Con quién os identificáis vosotros cuando la releéis, con Gregor o con su hermana?