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Llevaba posponiendo ‘El corazón de las tinieblas’ por miedo a que fuera un tostón de clásico, y en apenas 150 páginas me ha dejado más tocada que muchas novelas de 500

La novela corta de Joseph Conrad, publicada por entregas en 1899, sigue siendo una de las lecturas más incómodas y necesarias sobre la colonización, casi 130 años después.

Llevaba posponiendo 'El corazón de las tinieblas' por miedo a que fuera un tostón de clásico, y en apenas 150 páginas me ha dejado más tocada que muchas novelas de 500

Alianza Editorial

‘El corazón de las tinieblas’ es uno de esos clásicos que tenía en la estantería desde hace años sin atreverme a abrirlo, convencida de que iba a ser una lectura densa y pesada solo por tratarse de literatura del siglo XIX. Y me equivocaba por completo: son apenas 150 páginas, se leen en una tarde, y sin embargo llevo días sin poder sacarme de la cabeza algunas de sus imágenes. Pocas veces un libro tan corto me ha dejado tan removida.

De qué va

Joseph Conrad publicó esta novela corta por entregas en 1899, en la revista londinense Blackwood’s Magazine, y la incluyó después, en 1902, en la colección ‘Youth: And Two Other Stories’. Cuenta el viaje del marinero Charles Marlow, que navega el río Congo a bordo de un vapor con la misión de rescatar a Kurtz, un comerciante de marfil al que las tribus locales han terminado venerando casi como a un dios. Marlow relata toda la historia mucho después, ya de vuelta en Londres, a un grupo de amigos reunidos en un barco anclado en el Támesis, lo que le da a toda la novela una estructura de relato dentro de otro relato que consigue que el lector sienta el mismo desasosiego que quien escucha la historia por primera vez.

Por qué pega tan fuerte casi 130 años después

Conrad escribió esta novela después de su propio viaje al Congo en 1890, cuando el territorio era una colonia privada del rey belga Leopoldo II, tristemente famosa por la explotación brutal de su población. Eso es lo que hace que ‘El corazón de las tinieblas’ no se sienta como una simple novela de aventuras coloniales: es, sobre todo, una reflexión incómoda sobre hasta dónde puede llegar una persona cuando se le retiran todos los límites que le impone la civilización, y sobre lo fina que es en realidad esa línea que separamos entre lo civilizado y lo salvaje. La propia ambigüedad moral de Kurtz, un personaje que nunca se explica del todo, es lo que hace que el libro siga generando debate en clubes de lectura más de un siglo después de escribirse.

Una influencia que ha llegado hasta el cine

Si el argumento os suena de algo aunque no hayáis leído el libro, es porque ‘Apocalypse Now’, de Francis Ford Coppola, traslada casi el mismo viaje —de la búsqueda de un hombre que se ha convertido en una figura casi divina para quienes le rodean— a la guerra de Vietnam. Saber esto antes de leer la novela, lejos de restarle interés, ayuda a entender por qué esta historia concreta ha demostrado ser tan adaptable a otros contextos de violencia y colonialismo a lo largo del siglo XX y XXI: no habla solo del Congo de 1890, habla de un mecanismo humano que se repite.

Para quién es este libro

No os voy a mentir: la prosa de Conrad, que escribía en su tercer idioma después del polaco y el francés, tiene un punto de densidad al principio, sobre todo en las primeras páginas antes de que arranque el viaje por el río. Pero en cuanto Marlow se adentra en la selva, la novela se vuelve casi hipnótica, y esa densidad inicial termina siendo parte de lo que hace que el final golpee tan fuerte. Si alguna vez habéis pospuesto un clásico corto por miedo a que sea un tostón, ¿cuál es el vuestro pendiente en la estantería?