Hay libros que se recomiendan por la trama y libros que se recomiendan por lo que provocaron. ‘El asesinato de Roger Ackroyd’, de Agatha Christie, es de los segundos: en 2026 cumple cien años —se publicó el 6 de junio de 1926, en Reino Unido, de la mano de William Collins, Sons— y sigue siendo, un siglo después, el libro que más discusiones genera entre lectores de novela negra. No por la calidad de la prosa. Por una decisión narrativa que todavía hoy hay quien considera tramposa.
Un pueblo tranquilo, una carta y un asesinato antes de tiempo
La historia arranca en King’s Abbot, un pueblo inglés ficticio donde la viuda Mrs. Ferrars se suicida un año después de la muerte de su marido, al que —según empieza a sospecharse— había envenenado. Roger Ackroyd, el hombre con quien ella mantenía una relación, recibe una carta que promete revelar el nombre de quien la estaba chantajeando. Antes de que pueda terminar de leerla, alguien lo apuñala por la espalda. Hércules Poirot, recién retirado y viviendo también en King’s Abbot, acepta investigar. Hasta aquí, una trama de manual: el propio Doctor Sheppard, vecino del pueblo, narra los hechos en primera persona, como si fuera un Watson cualquiera.
El giro que dividió a la crítica
La idea original, según contó la propia Christie en su autobiografía de 1977, se la dio su cuñado, James Watts, que le propuso escribir una novela en la que el asesino fuera precisamente ese personaje-Watson que narra la historia. Christie lo llevó hasta el final, y el resultado dividió a la crítica de la época entre quienes la consideraron una genialidad y quienes la acusaron directamente de hacer trampa al lector, al ocultar información que el propio narrador sí conocía. El crítico literario Pierre Bayard llegó a escribir en 1998 un libro entero, ‘¿Quién mató a Roger Ackroyd?’, defendiendo que la verdadera asesina era otro personaje y que la propia Christie se había equivocado sin saberlo. Y en 1945, el influyente crítico estadounidense Edmund Wilson tituló uno de sus ensayos más citados contra el género policíaco directamente ‘¿A quién le importa quién mató a Roger Ackroyd?’, sin ni siquiera analizar el libro: le bastó el título para hacer sangre.
Casi un siglo después, el debate se resolvió con votos. En 2013, con motivo de su 60º aniversario, la Crime Writers’ Association británica —600 autores de novela negra— votó ‘El asesinato de Roger Ackroyd’ como la mejor novela criminal jamás escrita, «el mejor ejemplo del género jamás firmado». No es una opinión aislada: en 1990 ya había quedado quinta en un ranking similar de la propia CWA, y en 1999 entró en la lista de Le Monde de los 100 libros del siglo, elegida por votación popular de sus lectores.
Por qué sigue mereciendo la pena, sabiendo ya el final
Lo curioso es que, spoiler aparte, la novela funciona igual de bien en una segunda lectura: una vez que sabes quién es el asesino, cada frase del Doctor Sheppard se lee de otra forma, y se nota el cuidado casi quirúrgico con el que Christie eligió cada palabra para no mentir directamente, solo para omitir. El propio crítico Robert Barnard, autor de un ensayo de referencia sobre la obra de Christie, lo resumió bien: al margen de la solución final, es una novela de misterio bastante convencional. Lo que la hace única es justo esa «enorme excepción».
Si nunca la habéis leído, mi único consejo es que evitéis cualquier reseña, comentario o vídeo que mencione el final —incluido este artículo, que he intentado escribir sin destriparlo—. Y si ya la leísteis hace años, quizá sea buen momento para una relectura con los cien años recién cumplidos: se nota distinto cuando ya sabes por dónde mirar.
