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El día que Jim Carrey casi se ahoga de verdad en el rodaje de ‘El Show de Truman’

Detrás de la falsa tormenta marina del clásico de Peter Weir se esconde un peligro real. Jim Carrey pasó de la comedia al pánico absoluto ante la pasividad de todo el equipo de rodaje.

El día que Jim Carrey casi se ahoga de verdad en el rodaje de 'El Show de Truman'

Paramount Pictures

La ficción televisiva que vigilaba las veintitantas horas de la vida de un hombre corriente escondía un peligro físico muy real durante su producción. ‘El Show de Truman’ (1998), dirigida por Peter Weir y protagonizada por Jim Carrey, se convirtió en una obra de culto sobre la vigilancia masiva, pero pocos espectadores conocen el incidente casi fatal que ocurrió en su clímax. Las máquinas y los decorados gigantes ocultaban una emergencia que pudo terminar en tragedia en pleno set de grabación. El actor principal rozó la muerte mientras simulaba una huida desesperada en alta mar bajo la atenta mirada de un equipo que confundió el terror real con una interpretación magistral.

La tormenta artificial y el tanque gigante de agua

Para recrear el momento en el que el personaje intenta escapar de su mundo falso, la producción construyó un enorme tanque de agua en un plató cerrado. Christof, el director ficticio interpretado por Ed Harris, ordenaba desatar los elementos contra el pequeño velero del protagonista. Se instalaron sofisticadas máquinas de olas junto a potentes motores de avión para generar corrientes y vientos huracanados capaces de intimidar a cualquier espectador. Este despliegue técnico buscaba la máxima verosimilitud en pantalla para mostrar la desesperación del personaje acorralado por los creadores del programa. Sin embargo, la complejidad logística del decorado acuático creó una falsa sensación de seguridad entre los técnicos y los encargados de la seguridad del rodaje.

El grave error con el vestuario y la ropa de abrigo

El peligro aumentó exponencialmente debido a una decisión de vestuario que pesó literalmente sobre los hombros del intérprete principal durante la secuencia. El actor vestía prendas de abrigo muy pesadas, incluyendo un grueso jersey de lana, pantalones gruesos y zapatos que absorbían grandes cantidades de líquido. A medida que el agua del tanque inundaba la cubierta y salpicaba sin descanso, la ropa se convirtió en un lastre imposible de manejar. Este peso adicional empapaba al protagonista y lo arrastraba hacia el fondo del tanque con una fuerza imprevista. Ninguno de los miembros del equipo de producción calculó el riesgo de sumergir a una persona con semejante cantidad de tejido pesado en movimiento constante dentro de un entorno tan controlado pero traicionero.

Paramount Pictures

La señal de socorro que el equipo confundió con interpretación

Bajo la superficie del agua había buzos profesionales preparados para intervenir ante cualquier imprevisto técnico o físico de los actores. Cuando el peso de la ropa comenzó a hundir al protagonista, este hizo la señal oficial y universal de socorro levantando el puño cerrado. Según reveló posteriormente el propio Jim Carrey en una entrevista concedida a Vanity Fair, nadie acudió a rescatarle en ese instante crítico. Los técnicos y los especialistas subacuáticos interpretaron que aquel gesto desesperado formaba parte de la actuación dramática requerida por el guion. La calidad interpretativa del cómico se volvió en su contra, convirtiendo una petición real de ayuda en un supuesto alarde de talento dramático ante las cámaras.

El momento crítico y el muro del falso horizonte

El actor se hundió por completo en el agua, se quedó sin oxígeno y experimentó un ahogamiento real mientras el equipo seguía rodando la escena. En sus propias declaraciones posteriores, el protagonista reconoció que reunió las últimas fuerzas que le quedaban para dar un par de brazadas enormes fuera de la zona de turbulencias. Consiguió salir a la superficie, totalmente exhausto y jadeando, lejos del área donde operaban las máquinas de viento y las olas artificiales. Nadie sabía exactamente dónde se encontraba hasta que lograron localizarlo junto al borde de hormigón del plató, donde el agua terminaba y comenzaba el muro pintado que simulaba el cielo. Allí se mantuvo agarrado con desesperación mientras la tormenta artificial continuaba activa durante cerca de un minuto más antes de que alguien ordenase apagar los motores.

La confirmación del director y las secuelas emocionales

El propio director Peter Weir confirmó más tarde la gravedad de lo sucedido, admitiendo que aquella secuencia resultó mucho más real de lo que nadie había previsto inicialmente. A pesar de la presencia de los buzos de seguridad y de todas las precauciones habituales en grandes producciones de Hollywood, el margen de error demostró ser alarmantemente estrecho. El cineasta destacó también que, tras recuperarse del tremendo susto y salir del agua, el actor principal se mostró dispuesto a repetir la toma. No obstante, el rodaje de aquella jornada dejó una profunda huella psicológica en el protagonista, quien reconoció sentirse emocionalmente agotado y profundamente enfadado al terminar de grabar una escena que casi le cuesta la vida.

Ana Ferrer

Ana es la firma de PlotTwist para la crítica cultural: reseñas de libros y críticas de cine de autor, siempre con un ojo puesto en lo que la obra dice del momento que vivimos.

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