Hay películas que sobreviven al paso del tiempo por mérito propio, y hay películas que sobreviven de pura casualidad. ‘Nosferatu’ (1922), de F. W. Murnau, es de las dos cosas a la vez: una obra maestra del expresionismo alemán que, además, estuvo legalmente condenada a desaparecer por completo. En 1925, un tribunal alemán ordenó destruir hasta el último negativo y la última copia existente. Que hoy puedas verla se debe, sencillamente, a que la sentencia llegó tarde.
Una adaptación de ‘Drácula’ que nunca pidió permiso
La productora alemana Prana Film quería llevar ‘Drácula’ al cine, pero había un problema: la novela de Bram Stoker, publicada en 1897, seguía bajo copyright, y nadie en Prana se tomó la molestia de pedirle los derechos a su viuda, Florence Stoker, que los administraba como albacea literaria. La solución que encontraron fue tan ingenua como descarada: cambiar los nombres y dejar la trama prácticamente intacta. El conde Drácula se convirtió en el conde Orlok. Jonathan y Mina Harker pasaron a ser Thomas y Ellen Hutter. Renfield se transformó en Knock, y Van Helsing se rebautizó como el profesor Bulwer. La historia —un hombre que viaja a un castillo de los Cárpatos para cerrar un trato con un misterioso noble que resulta ser un vampiro— seguía siendo, a todos los efectos, ‘Drácula’.
El problema llegó cuando alguien hizo llegar a Florence Stoker un programa de mano del estreno berlinés de la película, en el que Prana reconocía abiertamente que la cinta estaba «libremente adaptada» de la novela de su difunto marido. Stoker, que vivía con escasos recursos y dependía en buena parte de los derechos de ‘Drácula’, denunció a Prana Film por infracción de copyright. Ganó el juicio, pero Prana ya se había declarado en quiebra —en parte por los costes de producción de la propia película— y no pudo pagar ninguna indemnización. En julio de 1925, el tribunal alemán dictó la única sentencia que todavía podía hacer cumplir: ordenó la destrucción de todos los negativos y copias de ‘Nosferatu’ que existieran.
Por qué la orden llegó demasiado tarde
Para cuando el tribunal dictó sentencia, la película llevaba más de tres años circulando fuera de Alemania. ‘Nosferatu’ se había proyectado en Budapest y en París ya en 1922, el mismo año de su estreno, mucho antes de que el proceso judicial llegara a su fin. Varias copias habían cruzado fronteras hacia países donde ‘Drácula’ ya era de dominio público o donde la sentencia alemana, simplemente, no tenía ningún poder de ejecución. La orden de destrucción, en la práctica, solo pudo aplicarse sobre lo que quedaba dentro de Alemania —y ni siquiera eso con garantías, porque hay constancia de copias que se conservaron en manos privadas pese a todo—.
El resultado es que, técnicamente, ‘Nosferatu’ existe hoy gracias a una infracción de copyright que, paradójicamente, no se cometió del todo a tiempo de ser castigada. Las versiones que sobrevivieron, además, no siempre circularon bajo su título original: durante años se distribuyeron copias recortadas o reeditadas con nombres distintos en varios países, lo que durante décadas dificultó enormemente que los historiadores de cine pudieran reconstruir una versión fiel al montaje original de Murnau. La restauración definitiva, a cargo de la Fundación F. W. Murnau, no llegaría hasta mucho después, cruzando fragmentos de distintas copias supervivientes repartidas por media Europa.
El actor que, según la leyenda, no fingía ser un vampiro
La propia producción alimentó, sin querer, otro misterio que ha acompañado a la película desde su estreno. Max Schreck, el actor que interpretó a Orlok bajo un maquillaje y un diseño de criatura entonces inéditos en el cine, era un intérprete de teatro alemán prácticamente desconocido fuera de los circuitos berlineses, y su nombre —que en alemán suena como «máximo espanto»— no ayudó precisamente a disipar los rumores. Durante años circuló la leyenda urbana de que Schreck no era realmente un actor, sino alguien —o algo— que el propio Murnau había encontrado para interpretar al vampiro sin necesidad de maquillaje.
La realidad es mucho más prosaica: los archivos teatrales alemanes documentan la carrera de Schreck en papeles secundarios desde antes del rodaje, y no hay ningún indicio serio de que fuera otra cosa que un actor con un don particular para el personaje. Pero el mito tuvo tanto recorrido que en el año 2000 inspiró una película completa, ‘La sombra del vampiro’, protagonizada por Willem Dafoe en el papel de un Schreck que, en la ficción, sí resulta ser un vampiro real que exige cobrarse una víctima del equipo de rodaje a cambio de su actuación.
Más de un siglo después de su estreno —el 4 de marzo de 1922, en una función de gala en el Jardín Zoológico de Berlín, con los asistentes disfrazados para la ocasión—, ‘Nosferatu’ sigue siendo una de las películas de terror más influyentes jamás rodadas, pese a que durante un tiempo existió, en teoría, una Alemania entera donde no debería haber quedado ni un solo fotograma suyo.
