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Durante meses, medio mundo creyó que ‘El proyecto de la bruja de Blair’ era metraje real, y la propia productora nunca lo desmintió del todo

Rodada en solo 8 días con 35.000-60.000 dólares y sin guion cerrado, 'El proyecto de la bruja de Blair' (1999) recaudó 248,6 millones en todo el mundo — más de 4.000 veces su presupuesto — gracias a una campaña de marketing que convenció a una parte real del público de que los tres actores habían desaparecido de verdad.

Durante meses, medio mundo creyó que 'El proyecto de la bruja de Blair' era metraje real, y la propia productora nunca lo desmintió del todo

Artisan Entertainment

En el verano de 1999, antes de que ‘El proyecto de la bruja de Blair’ (The Blair Witch Project) llegara a los cines, una parte nada desdeñable del público ya daba por hecho que la película era real: que tres estudiantes de cine habían desaparecido de verdad en un bosque de Maryland en 1994 mientras investigaban una leyenda local, y que lo único que quedaba de ellos era el metraje encontrado que ahora se proyectaba en salas. No era casualidad. Era, hasta entonces, la campaña de marketing viral más eficaz que se había hecho nunca para una película.

Un rodaje de 8 días sin guion cerrado

La premisa de found footage no era solo un recurso narrativo: reflejaba de forma bastante literal cómo se rodó la película. Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, que habían ideado la leyenda de la bruja de Blair en 1993, escribieron un documento de apenas 35 páginas, más una guía de intenciones que un guion cerrado, y rodaron durante ocho días de octubre de 1997 en localizaciones reales del condado de Montgomery, Maryland, sobre todo junto al arroyo Seneca Creek. Los tres actores —Heather Donahue, Joshua Leonard y Michael C. Williams, que conservaron sus propios nombres de pila en la ficción— no sabían de un día para otro qué les esperaba: cada mañana encontraban notas escondidas en latas de película, guardadas dentro de cajas de leche con GPS, con las coordenadas de la siguiente localización y las instrucciones para improvisar esa jornada de rodaje. El presupuesto inicial se movió entre 35.000 y 60.000 dólares; sumando posproducción y campaña de marketing, la cifra final creció hasta entre 200.000 y 750.000 dólares, según las fuentes.

Carteles de «desaparecidos» reales, no de atrezo

La campaña de promoción empezó meses antes del estreno y jugó, desde el principio, a que el espectador no supiera dónde terminaba la ficción. En enero de 1999, en su pase de medianoche en el Festival de Sundance, los materiales promocionales presentaban a los tres actores como «desaparecidos» o «fallecidos». Se repartieron carteles de personas desaparecidas con sus fotos reales, datos personales y contactos de emergencia, del mismo tipo que se pegan en postes y farolas cuando alguien desaparece de verdad. La web oficial, lanzada en junio de 1998, incluía «informes policiales» falsos, entrevistas simuladas con los propios actores haciéndose pasar por investigadores del caso, y fotos de infancia de los tres — para agosto de 1999 esa web había recibido 160 millones de visitas. Doce días antes del estreno amplio en cines, el 12 de julio de 1999, el canal Sci-Fi emitió un falso documental, ‘Curse of the Blair Witch’, que presentaba la leyenda como un hecho histórico real, con periódicos, noticiarios y entrevistas fabricados para la ocasión.

Un dato que se quedó ahí más de un año: «desaparecidos, se presume que muertos»

El detalle que mejor resume hasta dónde llegó el engaño es este: durante el primer año de disponibilidad de la película, la ficha de IMDb de los tres actores los listaba literalmente como «missing, presumed dead» — desaparecidos, se presume que muertos. Según ha contado después el propio productor, Kevin J. Foxe, esa decisión se tomó sin que los propios directores lo supieran, y llegó a tener consecuencias surrealistas: alguien que se encontró a la actriz Heather Donahue en un pase de la película se negó a creer que estuviera viva pese a que ella le enseñó su identificación. La productora, Artisan Entertainment, invirtió unos 25 millones de dólares en toda la campaña — una cifra que hoy nos parece normal para una gran producción de terror, pero que en 1999, aplicada a una película rodada por 60.000 dólares, resultó descomunalmente rentable: ‘El proyecto de la bruja de Blair’ recaudó 248,6 millones de dólares en todo el mundo (140,5 millones en Estados Unidos, 108,1 millones fuera), más de 4.000 veces su presupuesto original de rodaje, convirtiéndola en una de las películas independientes más rentables de la historia del cine.

El género que dejó como herencia

Myrick y Sánchez explicaron después que la idea de rodarla como metraje encontrado no nació de un cálculo de marketing, sino de una observación personal: a ellos, como espectadores, los documentales reales siempre les habían dado más miedo que el terror convencional de ficción, precisamente porque la cámara parecía no mentir. Esa apuesta formal —una historia contada íntegramente a través de lo que unos personajes graban ellos mismos, sin música añadida ni plano alguno que no pudieran haber filmado los propios protagonistas— es la que terminó definiendo todo un subgénero, el found footage, que en las dos décadas siguientes se convertiría en una de las fórmulas más rentables del cine de terror, con títulos como ‘Actividad paranormal’ o ‘Monstruoso’ construidos sobre la misma premisa que unos estudiantes de cine llevaron a un bosque de Maryland con una cámara de mano y sin apenas presupuesto.