‘Metrópolis’ (1927), la película muda de Fritz Lang considerada la primera gran distopía de ciencia ficción de la historia del cine, transcurre en una ciudad futurista dividida entre una elite que vive en rascacielos y una clase obrera esclavizada bajo tierra. Esa ciudad está fechada con precisión: el año 2026. Casi un siglo después de imaginarlo, estamos viviendo exactamente el año que Lang eligió para su advertencia sobre la lucha de clases y la deshumanización industrial. Lo que probablemente no sepas es que, durante más de 80 años, nadie pudo ver la película completa — porque una cuarta parte de ella se dio por perdida casi desde el estreno.
Una película carísima que fracasó y fue mutilada de inmediato
‘Metrópolis’ se estrenó en Berlín el 10 de enero de 1927 con una duración aproximada de 153 minutos, y fue en su momento la producción más cara jamás rodada en Alemania. El resultado comercial fue un fracaso: el público no respondió como esperaba la productora UFA, así que los distribuidores —primero la propia UFA en Alemania, después Paramount en Estados Unidos— decidieron recortarla drásticamente para intentar salvar la inversión. Le quitaron 948 metros de metraje, en torno a un 25% de la película, y la relanzaron ocho meses después con mejor acogida. La versión que llegó a Estados Unidos se quedó en unos 90 minutos. A partir de ahí, durante décadas, todo el mundo asumió que ese material cortado estaba perdido para siempre: ni los propios archivos alemanes conservaban una copia completa.
El negativo de 16mm que llevaba décadas en un museo de Buenos Aires
La pieza que faltaba llevaba más tiempo del que nadie imaginaba a un océano de distancia. En 1928, un distribuidor llamado Adolfo Z. Wilson, al frente de la compañía Terra en Buenos Aires, se hizo con una copia de la versión larga de la película para proyectarla en Argentina. Esa copia fue cambiando de manos con los años hasta terminar, en 1992, en la colección del Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken de Buenos Aires, reducida a un negativo de 16mm. Allí permaneció sin que nadie terminara de comprender su importancia real hasta que, a principios de 2008, la nueva directora del museo, Paula Félix-Didier, revisó el material y se dio cuenta de que contenía casi todas las escenas que se daban por perdidas desde el estreno de Berlín: unos 700 metros, 25 minutos de metraje que nadie había vuelto a ver en más de ocho décadas. Félix-Didier contactó con la revista alemana Die Zeit, y la noticia se hizo pública en julio de 2008: era, según explicó entonces Helmut Possmann, presidente de la Fundación Murnau (propietaria de los derechos de la película), un hallazgo que obligaba a repensar la obra maestra de Lang.
Lo que devolvió el metraje: tres personajes que habían quedado casi mudos
La copia argentina no era, ni mucho menos, un material en buen estado: al haberse duplicado desde un positivo de 35mm ya dañado, arrastraba rayado y parpadeos que serían prácticamente imposibles de eliminar del todo. Pero su valor no estaba en la calidad de imagen, sino en lo que revelaba sobre la estructura real de la película que Lang había concebido. Según explicó la restauradora Anke Wilkening, de la Fundación Murnau, el hallazgo cambiaba por completo el peso de tres personajes secundarios masculinos —Josaphat, Georgy y «el Delgado»— que en la versión conocida hasta entonces apenas eran figurantes, porque las escenas que desarrollaban sus subtramas habían sido las primeras en caer durante el montaje comercial de 1927. No se trataba de pequeños añadidos o planos sueltos: eran subtramas enteras que se habían amputado de raíz, y que devolvían a la película el entramado de montaje paralelo entre varias historias que Lang había planeado desde el principio.
Una restauración de 600.000 euros, y el negativo original ya no existe
La Fundación Murnau, junto al conservador Martin Koerber (de la Deutsche Kinemathek de Berlín) y un equipo de restauración digital, tardó cerca de un año en completar la nueva versión, presentada en 2010 con un coste aproximado de 600.000 euros, integrando el material argentino con las mejores fuentes conocidas hasta entonces. El resultado, de 148 minutos, es la versión más completa de ‘Metrópolis’ que existe hoy — y probablemente la más completa que existirá nunca. Hay una ironía final en toda esta historia: el positivo original de 35mm del que se sacó aquella copia argentina de 16mm fue destruido en algún momento posterior, casi con toda seguridad por la inestabilidad química y el riesgo de incendio del nitrato de celulosa en el que se rodaban las películas de la época. Si esa copia se hubiera perdido, o si el Museo del Cine de Buenos Aires hubiera decidido deshacerse de ella en algún momento de sus más de sesenta años de vida en distintas manos, ese cuarto de película de Fritz Lang habría desaparecido literalmente para siempre. Nadie, ni en Alemania ni en ningún otro archivo del mundo, tenía ya ningún otro sitio donde buscarlo.
