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El barco pirata de ‘Los Goonies’ no se construyó en Oregón como todo el mundo cree, y tuvo un final tan real como triste

El Inferno, el barco de One-Eyed Willy, se levantó a tamaño real en un plató de Burbank, no en la costa donde se rodó el resto de la película. Cuando terminó el rodaje, nadie quiso quedárselo, y Richard Donner todavía lo lamenta.

El barco pirata de 'Los Goonies' no se construyó en Oregón como todo el mundo cree, y tuvo un final tan real como triste

Warner Bros.

‘Los Goonies’ (1985) empieza y termina en la costa de Oregón —Astoria, Cannon Beach— y en Bodega Bay, California, así que es fácil dar por hecho que el barco pirata de One-Eyed Willy, el Inferno, se construyó también ahí, flotando de verdad en algún rincón de la costa del Pacífico. No es así. El grueso de la película, incluida toda la secuencia del barco, se rodó a cientos de kilómetros de allí, en un plató de Los Ángeles.

Un plató de Burbank, no una playa de Oregón

El diseñador de producción J. Michael Riva construyó el Inferno a tamaño real —con todos sus detalles interiores— dentro del Stage 16 de los estudios de Burbank, el mismo complejo que hoy es Warner Bros. y que entonces compartían con Columbia Pictures. Dentro de ese escenario se levantó también la cueva inundada en la que descansa el barco durante toda la secuencia final. El propio Richard Donner, director de la película, contaba que la decisión de construirlo entero, en vez de rodarlo por piezas sueltas y montarlo después, fue una apuesta personal de Riva: «Michael tenía clarísimo, pasara lo que pasara, que iba a construir un barco pirata a tamaño real. Eso era todo, y era de esos tipos que se ponían las anteojeras y entregaban lo mejor de lo mejor». Michael McAlister, supervisor de efectos visuales de Industrial Light & Magic en la película, recordaba entrar por primera vez en el plató y quedarse sin palabras: «Fue lo más impresionante que he visto en toda mi carrera. Cada detalle era sencillamente asombroso».

Peleas de espada con contrachapado antes de clavar un solo tablón

Antes de levantar el decorado de verdad, el equipo de arte ensayaba las coreografías de la secuencia final —la huida de los Goonies con los Fratelli pisándoles los talones— sobre simples piezas de contrachapado en el suelo, para decidir desde qué ángulo tenía más sentido construir la cubierta y desde dónde debían entrar y salir los actores. El propio diseño del Inferno era un guiño consciente al cine de piratas clásico: la película lo homenajea directamente citando ‘El halcón del mar’ (Captain Blood, 1935), con Errol Flynn, rodada en el mismo estudio décadas antes. Toda la secuencia del descubrimiento del barco, el tesoro, el reencuentro con los Fratelli y la huida final ocupa unos 18 minutos de metraje, construidos casi enteros sobre ese único decorado. El barco a tamaño real convivió además con un segundo Inferno, mucho más pequeño: Industrial Light & Magic construyó por separado una maqueta a escala para las tomas en las que el barco debía moverse de verdad —surcando el agua de la cueva o abriéndose paso entre las rocas—, algo que el decorado fijo del Stage 16 no podía hacer. El propio equipo de modelistas, entre ellos Bill George y Randy Ottenberg, se encargó de reproducir hasta el último detalle del velamen y el casco a escala reducida, de modo que ambas versiones del mismo barco —la gigantesca y practicable, y la diminuta y móvil— aparecen intercaladas en la misma secuencia sin que la mayoría del público llegue a notar el cambio.

Warner Bros.

El barco más caro que nadie quiso quedarse

Cuando terminó el rodaje, la productora intentó encontrar a alguien —un museo, un parque temático, cualquier interesado— que se hiciera cargo del Inferno y lo conservara. Nadie dio el paso. El decorado se había construido para aguantar el rodaje, no para moverse: trasladarlo a otro sitio habría sido carísimo, y en aquel momento, antes de que nadie supiera lo enorme que iba a ser el éxito de la película, no había ninguna razón de negocio para asumir ese gasto. El resultado fue que el barco pirata más elaborado que se había construido para una película familiar de los años 80 acabó desmontado y destruido sin más.

Lo que queda: ni una tabla en los archivos

Donner no ha ocultado nunca lo mal que le sentó. «Tuvo que ser destruido, y aquello fue desolador», reconoció en una entrevista con motivo del 35º aniversario de la película. Una consulta posterior al propio estudio confirmó que, hasta donde se sabe, no se conserva ningún resto del Inferno en los archivos de Warner Bros. —ni un mástil, ni una tabla del casco—, algo que hoy, en la era de los archivos de attrezzo cuidadosamente catalogados y las subastas de memorabilia de cine, resulta casi inimaginable para un decorado de ese tamaño y esa popularidad. Preguntado por una hipotética secuela y por si el barco podría volver a aparecer, Donner —que cumplió 90 años— respondió con la misma mezcla de cariño y resignación con la que habla de todo el proyecto: «Podría haber una búsqueda del barco en sí. ¿Adónde fue? ¿Se hundió? ¿Zarpó por su cuenta? Quién sabe. Nosotros fuimos los que lo dejamos libre». Cuarenta años después, el Inferno solo existe en la película, en fotografías de rodaje y en el recuerdo de quienes trabajaron en aquel plató de Burbank —nunca en la costa de Oregón que todo el mundo, erróneamente, sigue imaginando.