De todas las anécdotas de rodaje que rodean a ‘Titanic’ (1997), ninguna es tan extraña, ni tan poco conocida fuera de Hollywood, como lo que pasó la noche del 8 al 9 de agosto de 1996, en los estudios de Fox en Nueva Escocia (Canadá), durante la última jornada de rodaje exterior de la película. Alguien adulteró con PCP —una droga disociativa, también conocida como polvo de ángel, capaz de provocar desde euforia hasta alucinaciones graves— la sopa de marisco que el catering sirvió al equipo esa noche. Más de 60 personas, entre técnicos, actores secundarios y personal de producción, acabaron intoxicadas.
Una sopa que no era lo que parecía
El efecto tardó unos 30 minutos en manifestarse. Primero fueron náuseas y mareos; después, ansiedad extrema, desorientación, risa incontrolable y llanto, todo a la vez y repartido entre decenas de personas distintas del equipo técnico. James Cameron, el director, describió aquella noche como gente «riendo, llorando y vomitando» sin ningún patrón que tuviera sentido. El actor Bill Paxton, que sí estaba en el rodaje esa noche, lo resumió así: «Un minuto me sentía bien, y al siguiente me sentía tan ansioso que quería respirar dentro de una bolsa de papel». Ni siquiera los propios afectados se ponen de acuerdo, años después, en qué tipo de sopa era exactamente: Cameron la recuerda de mejillones, Paxton insistía en que era de almejas, y el informe policial original hablaba de langosta — un detalle menor, pero que da una idea de lo confuso que fue todo aquello incluso para quien lo vivió en primera persona.
El caos en el hospital, y Cameron sangrando y riendo a la vez
Los afectados fueron trasladados al Dartmouth General Hospital pasada la una de la madrugada, donde el caos continuó: según el relato de una de las pintoras del equipo presente aquella noche, Marilyn McAvoy, nadie se quedaba quieto en su camilla, había gente haciendo carreras de sillas de ruedas por los pasillos y un miembro del equipo llegó a organizar una conga por el hospital. El propio Cameron no se libró: en pleno caos, alguien lo golpeó con un bolígrafo en la cara, haciéndole sangrar, y su única reacción, bajo los efectos de la droga, fue reírse. Antes de saber que se trataba de PCP, el director llegó a pensar que todos habían sido envenenados con una neurotoxina paralizante de marisco —mucho más peligrosa y potencialmente mortal— y se provocó el vómito él mismo por precaución, temiendo lo peor para el resto del equipo.
La teoría de Cameron, y un caso que nunca se resolvió
La investigación policial no llegó a ninguna parte: el caso se cerró oficialmente el 12 de febrero de 1999, dos años después del estreno de la película, sin un solo sospechoso identificado. La teoría que más ha repetido Cameron a lo largo de los años es que se trató de la venganza de un empleado del catering despedido el día anterior al incidente — alguien con acceso directo a la cocina y motivo para hacer daño, aunque nunca se presentaron cargos contra nadie. Nadie lo ha confirmado nunca, y a día de hoy sigue siendo, literalmente, un misterio sin resolver de la producción de la película más taquillera de su década.
Por qué DiCaprio y Winslet se libraron
Leonardo DiCaprio y Kate Winslet, los protagonistas, se libraron por pura casualidad de calendario: esa noche no tenían ninguna escena programada en la localización canadiense, así que ni siquiera estaban en el plató cuando sirvieron la sopa. El resto del reparto y equipo técnico que sí sufrió la intoxicación se recuperó sin secuelas graves, y el rodaje, por increíble que parezca, continuó con normalidad los días siguientes — otro dato más que confirma que la verdadera "catástrofe" de ‘Titanic’ no fue ninguna de las muchas que ya forman parte de su leyenda (el presupuesto descontrolado, la puerta de Jack, el hundimiento del estudio en California), sino una noche de agosto en Canadá que todavía hoy nadie ha sabido explicar del todo.
Una leyenda que Cameron sigue contando en persona
El episodio podría haber quedado como un simple rumor de rodaje, de esos que se exageran con los años hasta perder todo rastro de verdad, si no fuera porque el propio Cameron lo ha repetido en entrevistas durante casi tres décadas, con los mismos detalles centrales cada vez: la cifra de más de 60 afectados, el traslado al hospital de Dartmouth, y su propia reacción —sangrando por la cara y riéndose sin poder evitarlo— ante algo que, en cualquier otro contexto, habría sido motivo de pánico real. Esa consistencia en su relato, sumada a los testimonios independientes de otros miembros del equipo como Paxton o McAvoy, es precisamente lo que ha convertido el incidente en una de las anécdotas mejor documentadas —y, a la vez, mejor guardadas— de todo el rodaje de ‘Titanic’, muy por encima en rareza de otras historias ya célebres de la producción, como el sobrecoste que estuvo a punto de hundir el proyecto antes incluso de llegar a los cines.
